¿Que soy para vos?, directamente o no es una pregunta que suele estar presente en nuestra vida. Pienso que todos queremos estar bien, ¿no?, es difícil encontrar a alguien que diga "Estoy angustiado, pero me la banco, no se puede estar siempre de diez". No se nos está muy permitido estar angustiados, lo mas rápido posible tendríamos que tener los medios y/o recursos para revertir esa situación. Ya hace mas de 100 años Freud decía que El Malestar es inherente a la condición humana, somos demasiado humanos para ser felices sin momentos de infelicidad. ¿Por qué no alcanza?, ¿Por qué siempre nos falta 5 para el peso?, Una mujer dice: "Los hombres no quieren compromiso, por lo menos conmigo, salgo, me divierto, paso un buen rato, pero nunca me eligen como novia, al cabo de un tiempo la cosa se enfría, no me contestan los mensajes, hasta me bloquean en el whatsapp!". ¿Por qué una mujer u hombre puede llegar a pensar que ese tipo o esa mina que "no les da bola", podría
ser responsable de los cambios de humor, animo o estado de "felicidad"?, ¿Por qué se piensa que si algo cambiara en el otro, las cosas marcharían?, "Si me llamaran, si me quisieran para algo serio, si me fuera fiel, si quisiera vivir conmigo, si quisiera formar una familia.... en definitiva... si me quisiera...
Sabemos, desde el psicoanálisis, que la falta es una condición del ser hablante, porque hablamos, porque somos seres atravesados por el lenguaje y porque al hablar demandamos y eso que demandamos/decimos es decodificado por otro, por otro semejante a mi, que también demanda y que también le falta 5 para el peso. Ese otro le da significación, "entiende" eso que digo/pido según sus propias vivencias, según como responda a la demanda, según como se juegue su propia falta, etc, etc
Con Lacan sabemos que la falta en tener es una condición para el amor, si quiero a alguien es porque algo me falta. Muchas mujeres se muestran en exceso "como completas", exhiben en exceso el semblante de tener, cuando esto sucede la respuesta del lado masculino es la inhibición.
Para querer y ser querido es necesario que nos falte, de lo contrario no hay lugar para el amor. Este será el comienzo, el principio de un recorrido con otro, luego vendrán los avatares, los cuestionamientos y las diferentes formas de transitar una relación. Tenemos que convivir con una imposibilidad que tiene que ver con nuestra lengua, que tiene que ver con que somos seres que hablamos y por ende nos equivocamos, imposibilidad que se manifiesta con el simple hecho de querer decirle algo a otro, algo que puede ser un te quiero, un no te quiero mas, o un aún te quiero. ¿Qué soy para otro? cuando es formulada en un Psicoanálisis, permite que se despliegue una infinidad de respuestas, que en el recorrido de un análisis serán cuestionadas por el sujeto llevándolo indefectiblemente cada vez mas cerca de lograr una nueva posición en la vida.
Lic.Romina Giuliante
http://www.psicogiu.com
https://www.facebook.com/AsistenciaPsicologicaSFP?hc_location=timeline
jueves, 18 de septiembre de 2014
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Elegir un destino
Elegir…, en todo
momento estamos eligiendo, a veces la elección es conciente, otras no tanto, a
veces estamos implicados en esa elección, otras elegimos como si alguien, algún
otro nos ordenara que vayamos por eso, que elijamos aquello otro…
Muchas personas llegan a un consultorio
psicológico y si bien, a lo mejor, no consultan directamente por no saber o no
poder “elegir”, en algún momento
comienzan a darse cuenta que tienen grandes
dificultades en sus elecciones, ya sea quejarse de que “eligieron mal” o
paralizarse al no decidir que elegir. Aparecen
dificultades para elegir que
comer, que vestir, que estudiar, que trabajar, con quien dormir…etc.
“Elegir me esta haciendo mal, mejor no
hago más nada, me quedo como estoy y veo
que se va dando”-muchos optan por esto, “quedarse como están”, “hacer nada”, ESTO
TAMBIEN ES ELEGIR – Cada acto que
realizamos, o no realizamos, va trazando
el camino por el que elegimos andar.
Todas las elecciones que hacemos en
nuestra vida tienen un costado, una partecita o una parte enorme que quiere
“cumplir”, “gratificar” “obedecer”, “homenajear”, “honrar” a algún otro y esto
ocurre porque siempre, al momento de elegir se tiene presente a alguien mas,
directa o indirectamente se tiene en cuenta a otras personas en esa elección. No
hablamos solamente de personas físicamente presentes, basta con que esa
“persona” o lo que cada uno piensa o cree de ella, aparezca en las ideas de
cada uno para que sea alguien a tener “presente” en nuestras ideas, proyectos,
elecciones…
Mucha
gente al transitar por un psicoanálisis comienza a cuestionar sus decisiones,
la pregunta que se escucha es ¿Quién
decide? “Parece como si alguien hablara en mi cabeza y me dijera lo que
tengo que hacer todo el tiempo” “Elijo estar con X, pero algo me dice que estoy
haciendo mal, y siento culpa”. Poner en
cuestión, es el primer paso, preguntarnos ¿Quién elige cuando estamos eligiendo? Existe una duplicidad en
cada uno de nosotros, está el que
acciona y el que sanciona. Elige estar con X, sin embargo no esta feliz por
su decisión y siente culpa. La culpa requiere de
la mirada del Otro y del Juicio del Otro (Otro que esta en uno) de ese
desdoblamiento del sujeto vinculado a la conciencia moral (tribunal interior:
que lo mira y lo juzga), de esa escisión que hace que el sujeto se juzgue y se
sancione dependen nuestras elecciones.
E L E G I R, implica una responsabilidad para con nosotros
mismos, ser responsable de nuestras elecciones implica ser el agente, el
ejecutante de esa elección, así de sencillo y complejo a la vez, tanto que
muchas personas optan por postergar y no tomar esa decisión que tanto, tanto,
vienen pensando y por miedo a que si lo
hacen pase…vaya uno a saber que cosa… se cuidan, se previenen, de nada mas y
nada menos que de angustiarse, ya que al
ELEGIR SIEMPRE SE PIERDE ALGO. Toda elección implica una pérdida y como
toda perdida (cualquiera que ella sea) trae angustia por aquello que ya no va a
estar, por eso que ya no vamos a ser, por esa función que ya no vamos a
cumplir.
Venimos a este mundo con una serie de imposiciones, no
elegimos nacer, dónde vivir, ni familia, época, herencia…, además estamos
determinados por nuestro inconsciente que rige parte de nuestros deseos y
actos. El psicoanálisis justifica la eficacia del inconsciente, al considerar que la libertad de
elección es constitutiva del ser hablante, y
por ello todo lo que le sucede, incluso lo que le ocurre por accidente, lo
afecta como sujeto de una elección y su respuesta a esa causa accidental,
llámese trauma, contingencia, implica una toma de posición.
Será en
el análisis donde cada quien podrá
transformar las marcas de su destino en algo propio y comenzar a escribir su
historia. Poder atravesar la tragedia particular da lugar a una nueva posición
y así permitirse ser agente de su propio
destino.
Lic. Romina Giuliante
Psicóloga UBA – Psicoanalista
15-5564-0970
domingo, 31 de marzo de 2013
sábado, 9 de febrero de 2013
Psicoanálisis y Pasiones Por Ricardo Rodulfo, Diana Kordon, y Benjamín Domb
¿De dónde proviene ese impulso que lleva al sujeto a jugarse la vida por un amor, por odio o por ignorancia? Algo posee al ser humano y lo impulsa hacia actos irracionales. En el ser caracterizado por lo racional, como lo define cierta filosofía, convive lo irracional, y de ello se ocupa el psicoanálisis.
Es la estructura propia del ser que habla, la que le da a las pasiones sus características. Freud habló de pulsiones, pulsiones sexuales y pulsiones del yo en un comienzo, luego pulsión de muerte y pulsión de vida, conceptos fundamentales del aparato teórico freudiano.
¿Qué entendemos por pulsión? Cuando afirmamos que la pulsión no es el instinto, decimos que no nace del cuerpo biológico ni de las necesidades biológicas, sino que la pulsión se constituye por la particular relación que el niño tiene con su madre, con quien establece en primer lugar una relación apasionada, es decir pulsional, no mediada hasta cierto punto por la palabra.
En este primer tiempo de la constitución subjetiva el niño no cuenta con la eficacia del lenguaje como propio, si bien nace a un mundo de lenguaje, la relación con su madre es cuerpo a cuerpo, es a través de su boca, de su caca, de la mirada y de la voz de su madre que le habla, que le trasmite desde el inicio de su vida su deseo. Es fundamental la presencia del padre, un amor más allá del niño, que ponga límite al desenfreno pasional que una madre puede volcar en su hijo.
¿Por qué un niño puede ser objeto de esa pasión? ¿Es que satisface, tal vez, algo que podría denominarse un instinto maternal? Cuando vemos lo que ocurre con otros mamíferos que sueltan a su crío bastante más rápidamente que las madres, sospechamos que en las mujeres se juega algo distinto que un instinto. Llamamos a eso deseo materno. Este deseo materno se constituye en las niñas como resultado de su complejo de Edipo, es la respuesta que ellas encuentran, tal como Freud lo señaló, al enigma de su femineidad.
Si una mujer devenida madre tiene esa relación pasional con su bebé, es porque en alguna medida ese bebé pone en juego algo de su femineidad. Un hijo es efecto de la estructura femenina que no resuelve el enigma femenino, sino que lo instituye como tal.
Alimentar a su hijo, prodigarle los cuidados maternales, darle amor, no necesariamente se acompañan de pasión.
La pasión se manifiesta íntimamente ligada al cuerpo, anudado al sexo y a la palabra que intentará ponerle límite.
En definitiva el lugar de la pasión en la teoría es aquel que anuda el narcisismo corporal a los agujeros pulsionales en su relación al Otro primordial, la madre, una madre que porta en su ser el enigma de la femineidad.
Es la estructura propia del ser que habla, la que le da a las pasiones sus características. Freud habló de pulsiones, pulsiones sexuales y pulsiones del yo en un comienzo, luego pulsión de muerte y pulsión de vida, conceptos fundamentales del aparato teórico freudiano.
¿Qué entendemos por pulsión? Cuando afirmamos que la pulsión no es el instinto, decimos que no nace del cuerpo biológico ni de las necesidades biológicas, sino que la pulsión se constituye por la particular relación que el niño tiene con su madre, con quien establece en primer lugar una relación apasionada, es decir pulsional, no mediada hasta cierto punto por la palabra.
En este primer tiempo de la constitución subjetiva el niño no cuenta con la eficacia del lenguaje como propio, si bien nace a un mundo de lenguaje, la relación con su madre es cuerpo a cuerpo, es a través de su boca, de su caca, de la mirada y de la voz de su madre que le habla, que le trasmite desde el inicio de su vida su deseo. Es fundamental la presencia del padre, un amor más allá del niño, que ponga límite al desenfreno pasional que una madre puede volcar en su hijo.
¿Por qué un niño puede ser objeto de esa pasión? ¿Es que satisface, tal vez, algo que podría denominarse un instinto maternal? Cuando vemos lo que ocurre con otros mamíferos que sueltan a su crío bastante más rápidamente que las madres, sospechamos que en las mujeres se juega algo distinto que un instinto. Llamamos a eso deseo materno. Este deseo materno se constituye en las niñas como resultado de su complejo de Edipo, es la respuesta que ellas encuentran, tal como Freud lo señaló, al enigma de su femineidad.
Si una mujer devenida madre tiene esa relación pasional con su bebé, es porque en alguna medida ese bebé pone en juego algo de su femineidad. Un hijo es efecto de la estructura femenina que no resuelve el enigma femenino, sino que lo instituye como tal.
Alimentar a su hijo, prodigarle los cuidados maternales, darle amor, no necesariamente se acompañan de pasión.
La pasión se manifiesta íntimamente ligada al cuerpo, anudado al sexo y a la palabra que intentará ponerle límite.
En definitiva el lugar de la pasión en la teoría es aquel que anuda el narcisismo corporal a los agujeros pulsionales en su relación al Otro primordial, la madre, una madre que porta en su ser el enigma de la femineidad.
El lugar de las pasiones en la clínica es la transferencia. En el amor de transferencia, en el odio transferencial, en la reacción terapéutica negativa. También en las situaciones de idealización extrema por un saber que obture toda ignorancia, etc.
Cada paciente manifestará su pasión en el análisis de acuerdo a su estructura psíquica, la cual tendrá absoluta relación con su historia, pero con los sectores de su historia no historizados, es decir con lo real en relación a su madre y a su padre. Se referirá a ese tramo de su vida tan primitivo, donde su desamparo inicial se encuentra a merced del amparo y también del capricho de su madre, del objeto que fue para ella y en qué punto ella encontró límite a su propia pasión, hasta qué punto se pudo refugiar en ese otro que la deseó o no la deseó, que acogió para sí esa pasión de mujer que lo convierte en padre. Hasta qué punto esta madre pudo transmitir el No del nombre del padre.
Ese sujeto así constituido llegará al análisis y pondrá en juego apasionadamente este real que lo habita.
Del lado del psicoanalista, lo recomendable es que pueda jugar bien la partida, es decir dar cabida a esa pasión, ofrecer su presencia y su escucha, hasta encontrar la letra que haga límite, y deje caer esa depositación masiva de real en su persona, ello significa darle lugar al sujeto.
Sin duda estas situaciones ponen a prueba el análisis y la continuación de un tratamiento. Condicionan diferentes formas de resistencia del analista, mal llamadas contratransferencias; es decir, el analista se defiende a veces tomando excesiva distancia, a veces entrando en el juego y reaccionando apasionadamente también él o dando rienda suelta a sus sentimientos, a su yo.
Los psicoanalistas están hechos de la misma pasta que sus analizantes, es decir de Real, Simbólico e Imaginario. Es por eso que pueden ser tomados en la situación transferencial. Por eso el analista debe él mismo hacer la experiencia de su propio análisis, y son estos casos de transferencias apasionadas los que más conducen al análisis de control.
El manejo de las pasiones en el análisis es decisivo; se tratará de darle a la pasión su lugar que conduzca a hacer con ella corte y también invención.
Cada paciente manifestará su pasión en el análisis de acuerdo a su estructura psíquica, la cual tendrá absoluta relación con su historia, pero con los sectores de su historia no historizados, es decir con lo real en relación a su madre y a su padre. Se referirá a ese tramo de su vida tan primitivo, donde su desamparo inicial se encuentra a merced del amparo y también del capricho de su madre, del objeto que fue para ella y en qué punto ella encontró límite a su propia pasión, hasta qué punto se pudo refugiar en ese otro que la deseó o no la deseó, que acogió para sí esa pasión de mujer que lo convierte en padre. Hasta qué punto esta madre pudo transmitir el No del nombre del padre.
Ese sujeto así constituido llegará al análisis y pondrá en juego apasionadamente este real que lo habita.
Del lado del psicoanalista, lo recomendable es que pueda jugar bien la partida, es decir dar cabida a esa pasión, ofrecer su presencia y su escucha, hasta encontrar la letra que haga límite, y deje caer esa depositación masiva de real en su persona, ello significa darle lugar al sujeto.
Sin duda estas situaciones ponen a prueba el análisis y la continuación de un tratamiento. Condicionan diferentes formas de resistencia del analista, mal llamadas contratransferencias; es decir, el analista se defiende a veces tomando excesiva distancia, a veces entrando en el juego y reaccionando apasionadamente también él o dando rienda suelta a sus sentimientos, a su yo.
Los psicoanalistas están hechos de la misma pasta que sus analizantes, es decir de Real, Simbólico e Imaginario. Es por eso que pueden ser tomados en la situación transferencial. Por eso el analista debe él mismo hacer la experiencia de su propio análisis, y son estos casos de transferencias apasionadas los que más conducen al análisis de control.
El manejo de las pasiones en el análisis es decisivo; se tratará de darle a la pasión su lugar que conduzca a hacer con ella corte y también invención.
3- Hoy como siempre el destino fundamental de las pasiones es la sexualidad. Es allí, en el marco de la vida erótica, donde las pasiones encuentran su cauce y su fin, es decir, el goce.
Ahora bien, las cosas no son simples para el ser humano; su sexualidad es compleja, al punto que Lacan sentó las bases del psicoanálisis en el fundamento de que “no hay relación sexual”, lo cual no quiere decir que no haya diferentes modos de goce relacionados a lo sexual.
Estas pasiones forman parte de lo más intimo del ser, su intimidad.
La dificultad con la que nos enfrentamos es aquella que se produce cuando las pasiones van más allá de este marco, tanto sea que una manifestación de lo sexual recaiga sobre el mismo sujeto pero fuera de su vida erótica –es decir, manifestaciones de la pulsión que toman su cuerpo o alguna parte del mismo como su objeto, produciendo allí las patologías llamadas narcisistas, las enfermedades en el cuerpo, psicosomáticas, adicciones, exhibicionismo, compulsiones, impulsiones, etc.–; ya sea que lo que está destinado a lo privado se haga público, por fuera de lo institucionalmente aceptado. Se acepta la pasión en el deporte dentro de ciertas reglas, en el trabajo si ha de ser productivo para el sujeto y para la sociedad.
Estas mismas pasiones, fuera de determinadas reglas, dan lugar a la violencia, a la agresión, al odio desmedido que incluso lleva a la muerte. Fuera de la vida privada, se hacen públicas, entran en lo social. Hoy, desgraciadamente, en tanto no hay en lo social encausamiento de la pasión hacia lo productivo, dejada a su libre manifestación produce violencia social de distinta índole.
La pasión es como un fuego que habita al sujeto. Tanto puede provocar incendios como transformarse en un hielo. El psicoanálisis, en su pequeña medida, trabaja para que cada uno invente su saber hacer allí con su pasión.
Ahora bien, las cosas no son simples para el ser humano; su sexualidad es compleja, al punto que Lacan sentó las bases del psicoanálisis en el fundamento de que “no hay relación sexual”, lo cual no quiere decir que no haya diferentes modos de goce relacionados a lo sexual.
Estas pasiones forman parte de lo más intimo del ser, su intimidad.
La dificultad con la que nos enfrentamos es aquella que se produce cuando las pasiones van más allá de este marco, tanto sea que una manifestación de lo sexual recaiga sobre el mismo sujeto pero fuera de su vida erótica –es decir, manifestaciones de la pulsión que toman su cuerpo o alguna parte del mismo como su objeto, produciendo allí las patologías llamadas narcisistas, las enfermedades en el cuerpo, psicosomáticas, adicciones, exhibicionismo, compulsiones, impulsiones, etc.–; ya sea que lo que está destinado a lo privado se haga público, por fuera de lo institucionalmente aceptado. Se acepta la pasión en el deporte dentro de ciertas reglas, en el trabajo si ha de ser productivo para el sujeto y para la sociedad.
Estas mismas pasiones, fuera de determinadas reglas, dan lugar a la violencia, a la agresión, al odio desmedido que incluso lleva a la muerte. Fuera de la vida privada, se hacen públicas, entran en lo social. Hoy, desgraciadamente, en tanto no hay en lo social encausamiento de la pasión hacia lo productivo, dejada a su libre manifestación produce violencia social de distinta índole.
La pasión es como un fuego que habita al sujeto. Tanto puede provocar incendios como transformarse en un hielo. El psicoanálisis, en su pequeña medida, trabaja para que cada uno invente su saber hacer allí con su pasión.
martes, 25 de septiembre de 2012
¿Somos lo que Otros hicieron de nosotros?
Cuando
nacemos necesitamos de Otro, eso lo sabemos todos… necesitamos que alguien
cuide de nosotros, nos dé de comer, bañe, duerma, etc. pero no alcanza
solamente con eso. Un bebé no sólo se alimenta de leche, también se alimenta de
símbolos. Palabras, mimos, miradas, caricias… el lenguaje transformará el organismo natural de
ese pequeño en un cuerpo, este cuerpo ha
perdido lo instintivo al ser tocado,
nombrado, libidinizado por quienes se
han ocupado de sus cuidados. ¿Cómo ocurre
esto?, observemos por un momento a una madre interactuar con su hijo,
¿Qué vemos?, ¿Qué escuchamos?: “De quien son esos jamoncitos”, “quien es el
bebé más hermoso/lindo”, “Las pecas/lunares de mamá”, “La panza de papá”, “Nariz
de chanchito/ de porotito” etc, etc, infinitas serán las palabras, las formas
de nombrar a ese niño/a y a su cuerpo,
la forma en que es acariciado, besado, determinará a ese futuro sujeto, determinará
la forma en que ese sujeto disfrute y marcará
el camino por el cual hallará su
satisfacción.
En Tres
Ensayos para una teoría sexual, Freud dirá que la madre despierta la sexualidad
al erogenizar el cuerpo del niño con sus caricias, miradas, con su voz, con sus
demandas y expectativas. La madre demandará al niño que duerma, que coma, que
hable, que calle, que controle esfínteres, transformando así las funciones fisiológicas naturales en
pulsiones.
Como ya nos
enseñó Freud, no solo se trata de cubrir las necesidades básicas de
supervivencia, sino que lo que nos hace diferentes de otros animales es que
necesitamos que Otro nos desee, que nos dé un lugar (incluso antes de nacer),
Otro que nos proporcione un “ser”, aunque este “ser” sea seguramente erróneo, aunque sea cuestionado,
detestado o disfrutado, de aquí se parte. Luego si se quiere, se pondrá en cuestión en un análisis estos lugares/seres que nos han sido otorgados
y que hemos tomado.
Una madre (o
todo aquel que cumpla esa función), puede anhelar muchas cosas para ese bebé,
puede esperar de él infinitas cosas: En
cuanto a lo físico, que tenga los ojos del papá, la altura de mamá. En cuanto al temperamento o carácter, que
sea tranquilo/a como la abuela, alegre como la tía, que no sea como el abuelo, en fin… Anhelos como: “va a ser la más
hermosa, inteligente” – “Va a ser de carácter fuerte, se va a hacer respetar” –
“no le va a tener miedo a nada” – “será el príncipe de la casa”- “él que nunca
trajo problemas” . Estos anhelos o expectativas
pueden ir acompañados o no de un deseo, es importante saber que no es lo mismo,
ya que el deseo en psicoanálisis es inconsciente e innombrable. El deseo de esa
madre/padre es inconsciente, y
seguramente tendrá que ver con sus vivencias
infantiles y con el lugar (también inconsciente) que a ella/él le han dado. Es innombrable, con esto quiero decir que al ser inconsciente no hay una palabra,
un símbolo, frase algo que defina a ese deseo. En un psicoanálisis, de lo que
se tratará, entre otras cosas, es de ponerle palabras a ese deseo, que se desplace,
que se empiece a mover, que se transforme
en acciones, actividades, profesiones,
pasatiempos, ocio, esparcimientos…
Se tratará
de poner en cuestión ese lugar, ese ser tomado, se invitará al sujeto a que se pregunte porqué, para qué responde a ese lugar (por ejemplo “El que
nunca trajo problemas”), preguntarse qué beneficios le trae, que satisfacciones
(si es que las tiene).
Se trata en definitiva de cuestionar el discurso en el que cada ser humano
ha sido insertado. ¿Para qué?, puede ser
para varias cosas… para saber porqué lo hacemos o porqué NO lo hacemos, para
padecer menos y disfrutar un poco más, para poder tener una posición diferente
frente al Otro.
Lacan nos dice: “No da lo mismo un sujeto que
siempre estuvo sometido a otro que lo aplastó, llámese a este otro: causa,
padre, religión. A que ese sujeto empiece a jugar su propia carta, sin estar
siempre esperando el permiso del Otro, su palabra o su deseo.”
sábado, 28 de abril de 2012
Entrevista a Jacques Lacan La entrevista fue realizada en 1974 por Emilio Granzotto, y fue inédita hasta el 2004.
Lacan: "En diez años máximo,
el que me lea hallará todo transparente,
como una buena jarra de cerveza"
el que me lea hallará todo transparente,
como una buena jarra de cerveza"
Emilio Granzotto
Magazine Litteraire
-Cada vez se habla con más frecuencia de la crisis del psicoanálisis. Se dice que Sigmund Freud está obsoleto, la sociedad moderna ha descubierto que su obra no basta para entender al hombre, ni para interpretar a fondo su relación con el mundo.
- Esos son cuentos. En primer lugar, la crisis. No existe tal crisis, no puede haberla. El psicoanálisis aún no ha encontrado sus propios límites. Todavía hay tanto por descubrir en la práctica y en el conocimiento. En el psicoanálisis no hay solución inmediata, sólo la larga y paciente investigación de las razones. En segundo lugar, Freud.
¿Cómo puede decirse que está obsoleto si aún no lo hemos entendido a cabalidad? Lo que sí es cierto es que nos ha dado a conocer cosas completamente nuevas que ni siquiera habríamos imaginado antes de él. Desde los problemas del inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, desde el acceso a lo simbólico hasta la sujeción a las leyes del lenguaje.
- Su doctrina pone en tela de juicio la verdad, es una cuestión que nos concierne a todos y cada uno personalmente. Es algo muy distinto a una crisis. Lo repito: estamos lejos de Freud. Su nombre también ha servido para cubrir muchas cosas, ha habido desviaciones, los epígonos no siempre han seguido fielmente el modelo, se han creado confusiones. Tras su muerte en 1939, algunos de sus alumnos también pretendieron ejercer el psicoanálisis de otro modo, reduciendo su enseñanza a una fórmula banal: la técnica como ritual, la práctica restringida al tratamiento de la conducta, y como medio de readaptación del individuo a su entorno social. Es la negación de Freud, un psicoanálisis de comodidad, de salón.
El propio Freud lo previó. Solía decir que hay tres posiciones insostenibles, tres tareas imposibles: gobernar, educar y ejercer el psicoanálisis. En nuestros días, poco importa quién asume la responsabilidad de gobernar y todo el mundo se cree educador. En cuanto a los psicoanalistas, gracias a Dios, prosperan, como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarla significa un éxito asegurado, y la clientela se atropella a sus puertas. El psicoanálisis es otra cosa.
- ¿Exactamente qué?
– Lo defino como un síntoma, revelador de la enfermedad de la civilización en la que vivimos. Ciertamente, no es una filosofía. Aborrezco la filosofía, hace ya mucho tiempo que no dice nada interesante. El psicoanálisis tampoco es una fe y no me gusta llamarlo ciencia. Digamos que es una práctica y que se ocupa de lo que no anda bien. Terriblemente difícil porque pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible, lo imaginario. Ha obtenido algunos resultados hasta el presente pero aún no tiene reglas y se presta a todo tipo de equívocos.
No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, bien sea con respecto a la medicina, o la psicología y a sus anexos. Freud murió hace apenas 35 años. Su primer libro, La Interpretación de los Sueños, fue publicado en 1900, con muy poco éxito. Se vendieron, eso creo, 300 ejemplares en varios años. Tuvo pocos pupilos, a quienes se les tomaba por locos, y que ni siquiera estaban de acuerdo en la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.
- ¿Qué es lo que no anda bien en el hombre de hoy?
– Es ese gran hastío, la vida como consecuencia del curso del progreso. A través del psicoanálisis, las personas esperan aventurarse hasta donde puedan ir arrastrando ese hastío.
- ¿Qué impulsa a la gente a hacerse psicoanalizar?
– El miedo. Cuando le ocurren cosas, incluso cosas que desea, cosas que no comprende, el hombre siente miedo. Sufre por no entender y poco a poco cae en un estado de pánico. Es la neurosis. En la neurosis histérica, el cuerpo enferma de miedo de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva, el miedo mete cosas raras en la mente, pensamientos que no podemos controlar, fobias en las cuales las formas y objetos adquieren significaciones diversas que suscitan miedo.
- ¿Por ejemplo?
– El neurótico se siente obligado por una necesidad tremenda de ir docenas de veces a verificar si un grifo está realmente cerrado. O si una cosa está en su lugar, sabiendo sin embargo con certeza que el grifo está como debe estar y que la cosa está en el lugar donde debe estar. No hay píldoras que curen esto. Hay que descubrir por qué esto nos pasa y saber qué significa.
- ¿Y la cura?
– El neurótico es un enfermo que se cura con la palabra, y sobre todo con su propia palabra. Debe hablar, contar, explicarse a sí mismo. Freud definía el psicoanálisis como la asunción por parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro. El psicoanálisis es el reino de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente no es tan profundo como inaccesible a un examen profundo de lo consciente. Y decía que en ese inconsciente, el que habla es un sujeto dentro del sujeto, trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.
-¿La palabra de quién, del enfermo o del psicoanalista?
– En el psicoanálisis los términos “enfermo”, “medicina”, “remedio” no son más precisos que las fórmulas pasivas que adoptamos comúnmente. Cuando hablamos de “hacerse psicoanalizar” cometemos un error. Quien hace el verdadero trabajo en el análisis es quien habla, el sujeto analizado. Aunque lo haga de la manera sugerida por el analista quien le indica cómo proceder, y lo ayuda mediante sus intervenciones. Él también proporciona una interpretación.
A simple vista, ella parece dar un sentido a lo que dice el analizado. En realidad, la interpretación es más sutil, tendiendo a borrar el sentido de las cosas por las que sufre el individuo. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que el síntoma, digamos la enfermedad, no tiene relación alguna con nada, que está privada de cualquier sentido posible. Aunque en apariencia es real, no existe.
Las vías por las que procede este acto de la palabra exigen mucha práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medición son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que se le da al individuo analizado. En consecuencia, el psicoanálisis es difícil.
–Cuando se habla de Jacques Lacan se asocia inevitablemente este nombre con una fórmula, el “regreso” a Freud ¿Qué significa esto?
– Exactamente lo que se dice. El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que regresar a Freud, a sus términos y definiciones, leídos e interpretados en sentido literal. Yo fundé en París una escuela freudiana precisamente con este objetivo. Hace más de 20 años que expongo mi punto de vista: regresar a Freud significa simplemente despejar el terreno de desviaciones y equívocos de la fenomenología existencial por ejemplo, como del formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de la enseñanza de Freud según los principios definidos y enumerados a partir de su trabajo. Releer a Freud quiere decir sencillamente releer a Freud. Quien no lo hace en el psicoanálisis, utiliza una fórmula abusiva.
–Pero Freud es difícil. Y se dice que Lacan lo vuelve francamente incomprensible. A Lacan se le reprocha hablar y sobre todo escribir de una maneta tal que sólo unos pocos adeptos pueden esperar comprender.
– Lo sé, se me tiene por un oscuro que esconde su pensamiento tras una cortina de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis, repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real” ¿Acaso no está claro? Pero el psicoanálisis no es cosa de niños.
– ¿Cuáles son las características del lacanismo?
– Aún es muy pronto para decirlo, ya que el lacanismo todavía no existe. Apenas se siente su aroma, como un presentimiento.
En todo caso, Lacan es un señor que práctica el psicoanálisis desde al menos 40 años y que durante todos esos años lo ha estudiado. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Escribí en mi libro que “a lo que nos lleva el descubrimiento de Freud es a la enormidad del orden en el que hemos entrado, en el que nacimos por segunda vez, si se quiere expresar así, saliendo del estado llamado muy acertadamente infans, sin palabra”.
El orden simbólico sobre el cual Freud basó su descubrimiento está constituido por el lenguaje como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de la palabra el que crea el mundo de las cosas, inicialmente confusas en todo lo que está por suceder. Sólo las palabras pueden dar un sentido cabal a la esencia de las cosas. Sin las palabras, nada existiría ¿Qué sería el placer sin el intermediario de la palabra?
Mi idea es que Freud, enunciando en sus primeras obras – La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y tabú- las leyes del inconsciente, fue el precursor de la postulación de las teorías con las cuales unos años después Ferdinand de Saussure abriría la vía a la lingüística moderna. Esta está sometida, como todo el resto, a las leyes del lenguaje. Sólo las palabras pueden engendrarla y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no avanzaría ni un paso en las investigaciones sobre el pensamiento. Este es el caso del psicoanálisis. Cualquiera que sea la función que se le atribuya, agente de sanación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio del cual nos servimos: la palabra del paciente. Y toda palabra amerita una respuesta.
– Luego, es análisis en tanto que diálogo. Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo de la confesión.
- ¿Pero qué confesión? No le confesamos nada al psicoanalista. Uno se deja llevar a decirle cosas, simplemente, todo lo que nos pasa por la cabeza. Palabras, precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis es el hombre como animal hablante. Le corresponde al analista ordenar las palabras que escucha y darles un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, hace falta un acuerdo, la alianza entre el analizado y el analista.
A través del discurso de uno, el otro intenta de hacerse una idea de lo que se trata y descubrir más allá del síntoma aparente el nudo difícil de la verdad. La otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer entender al paciente lo que puede esperarse del análisis.
– Es una relación de extrema confianza.
– Más bien un intercambio donde lo importante es que uno habla y el otro escucha. También el silencio. El analista no plantea preguntas y no tiene ideas. Sólo da las respuestas que quiere darle a las cuestiones que suscitan su deseo. Pero al final del final, el analizado siempre va a donde lo lleva el analista.
– Acaba de hablar de la cura ¿Hay posibilidad de curar? ¿Superar la neurosis?
– El psicoanálisis triunfa cuando limpia el terreno, sale del síntoma, sale de lo real. Es decir, cuando llega a la verdad.
- ¿Podría enunciar el mismo concepto de una manera menos lacaniana?
– Llamo síntoma a todo lo que viene de lo real. Y real a todo aquello que anda mal, que no funciona, que se opone a la vida del hombre y al enfrentamiento de su personalidad. Lo real siempre regresa al mismo lugar. Siempre lo encontramos allí, con los mismos rostros. Los científicos tienen razón al decir que nada es imposible en lo real. Hace falta un tupé sagrado para afirmar cosas de este tipo, o bien, como lo supongo, la total ignorancia de lo que se hace y se dice.
Lo real y lo imposible son antitéticos, no pueden ir juntos. El análisis empuja al individuo hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas con sentido, acciones que tienen un sentido.
Escuchamos repetir que hay que darle sentido a esto o aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero no sabemos nada de nada sobre la vida. Los sabios se afanan en explicárnoslo.
Mi temor es que por su fracaso, lo real, esa cosa monstruosa que no existe, termine por tomarlo, por arrastrarlo. La ciencia sustituye a la religión y además es más despótica, obtusa y oscurantista. Hay un dios-átomo, un dios-espacio, etc. Si la ciencia gana o la religión, el psicoanálisis está acabado.
– ¿En nuestros días, que relación existe entre la ciencia y el psicoanálisis?
– Para mí, la única ciencia verdadera, seria, a seguir, es la ciencia-ficción. La otra, la oficial, la que tiene sus altares en los laboratorios, avanza a tientas, sin equilibrio. E incluso, comienza a tener miedo de su propia sombra.
Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, en sus batas almidonadas, esos viejos chiquillos que juegan con cosas desconocidas, fabricando aparatos cada vez más complicados e inventando fórmulas cada vez más oscuras, comienzan a preguntarse lo que podrá venir mañana, a dónde nos llevarán finalmente sus investigaciones siempre novedosas. En fin, yo me pregunto ¿y si fuera demasiado tarde? Los biólogos se lo preguntan hoy, o los físicos, los químicos. Para mí, están locos. Aunque ya están en el proceso de cambiarle el rostro al universo, sólo ahora, en el presente se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso ¿Y si todo saltara? ¿Si las bacterias cultivadas tan amorosamente en los blancos laboratorios se transformaran en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de estas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por esos sabios de los laboratorios?
A las tres posiciones imposibles de Freud, , educación, psicoanálisis, yo le agregaría una cuarta, la ciencia. Salvo que los sabios no saben que su posición es insostenible.
– Esa es una visión bastante pesimista de lo que llamamos progreso.
– No, es otra cosa. No soy pesimista. No pasará nada. Por la sencilla razón de que el hombre es un bueno para nada, ni siquiera es capaz de destruirse a sí mismo. Personalmente, me parecería maravillosa una calamidad total producida por el hombre. Esa sería la prueba de que ha llegado a hacer algo con sus manos, su cabeza, sus intervenciones divinas, naturales o de otra especie.
Todas esas bellas bacterias sobrealimentadas por diversión, diseminadas en el mundo como las langostas de la Biblia, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no sucederá. La ciencia atraviesa, afortunadamente, por una crisis de responsabilidad, todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo anuncié: lo real tomará la delantera, como siempre. Y nosotros seremos como siempre dichosos.
– Otra paradoja de Jacques Lacan. Se le reprocha, además de la dificultad del lenguaje y oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas del lenguaje, los retruécanos a la francesa, y precisamente, las paradojas. Quien lo escucha o quien lo lee tiene el derecho a sentirse desorientado.
– De hecho, ya no bromeo, digo cosas muy serias. Me sirvo solamente de la palabra como los sabios de los que he hablado se sirven de sus alambiques y de sus instalaciones electrónicas. Siempre busco referirme a la experiencia del psicoanálisis.
– Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre promedio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que ve con sus ojos, lo que toca.
– Deslastrémonos también de este hombre promedio que, en principio no existe. Existen individuos, eso es todo. Cuando escucho hablar del hombre común, de fenómenos de masa y de cosas de ese tipo, pienso en todos los pacientes que he visto pasar por el diván en cuarenta años de escucha. Ninguno, en medida alguna, se parece al otro, ninguno tiene las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre promedio ¿quién es ese? ¿Yo, usted, mi conserje, el presidente de la república?
– Hablábamos de lo real, del mundo que vemos todos.
- Exactamente. La diferencia entre lo real, es decir lo que está mal, y lo simbólico, lo imaginario es decir la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no hay mundo, basta con pensar en todas las banalidades que una infinidad de imbéciles creen que es el mundo. Y yo invito a mis amigos de Panorama, antes de acusarme de paradójico, a reflexionar sobre lo que apenas han leído.
– Se diría que usted es siempre pesimista.
– Eso no es cierto. No me clasifico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Será muy infeliz el psicoanalista que no haya superado el estadio de la angustia. Es cierto, a nuestro alrededor hay cosas horripilantes y devoradoras, como la televisión por medio de la cual una gran parte de nosotros es fagocitada. Pero esto sólo ocurre porque hay personas que se dejan fagocitar, que hasta se inventan un interés por lo que ven.
Luego, hay otros ardides monstruosos igualmente devoradores: los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo de los océanos, etc. Todas cosas que devoran. Pero no hay motivo para dramatizar. Estoy seguro de que cuando nos hartemos de los cohetes, de la televisión y de todas las malditas investigaciones al vacío, encontraremos otra cosa de qué ocuparnos. Es una reviviscencia de la religión ¿verdad? ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión? Es una fiestas continua para divertirse durante siglos como ya ha quedado demostrado.
Mi respuesta a todo eso, es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. Lo único real que podemos concebir, a lo que tenemos acceso es justamente eso: habrá que buscarle una razón, darle sentido a las cosas, como decimos. De otro modo, el hombre no tendría angustia, Freud no se habría hecho célebre, y yo sería profesor de liceo.
– ¿Las angustias siempre son de esta naturaleza o existen angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a determinadas épocas históricas, a algunas latitudes?
– La angustia del sabio que tiene miedo de sus descubrimientos puede parecer reciente. ¿Pero qué sabemos de lo que ocurrió en otros tiempos? ¿De los dramas des otros investigadores? La angustia del obrero esclavo en la cadena de producción como en la rama de una galera, es la angustia de hoy. O, más sencillamente, está vinculada con las otras definiciones y palabras de hoy.
- ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?
– Algo que se sitúa más allá de nuestro cuerpo, un miedo, pero de nada, que el cuerpo, incluido el espíritu, puede motivar. El miedo del miedo, en resumen. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel que las percibimos tienen que ver con el sexo. Freud decía que la sexualidad, para el animal hablante que se llama hombre, no tiene ni remedio ni esperanza. Una de las tareas del analista es encontrar en la palabra del paciente la relación entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.
– Hoy en día, cuando el sexo se distribuye por todas partes, sexo en el cine, sexo en el teatro, sexo en la televisión, sexo en los periódicos, en las canciones, en las playas, se dice que las personas siente menos angustia por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo ya no da miedo.
– La sexomanía invasora no es más que un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa sería que tiene que ver, lo repito, con una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe el psicoanálisis colectivo, así como no hay angustias o neurosis de masas.
Que el sexo sea puesto al orden del día en cada esquina, tratado como un detergente cualquiera en los carruseles televisados, no implica ninguna promesa de beneficio alguno. No digo que eso sea malo. No basta ciertamente con tratar las angustias y los problemas particulares. Hay que partir de la moda, de esa fingida liberalización que se nos da, como un bien otorgado desde arriba, por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve a nivel del psicoanálisis.
Magazine Litteraire
-Cada vez se habla con más frecuencia de la crisis del psicoanálisis. Se dice que Sigmund Freud está obsoleto, la sociedad moderna ha descubierto que su obra no basta para entender al hombre, ni para interpretar a fondo su relación con el mundo.
- Esos son cuentos. En primer lugar, la crisis. No existe tal crisis, no puede haberla. El psicoanálisis aún no ha encontrado sus propios límites. Todavía hay tanto por descubrir en la práctica y en el conocimiento. En el psicoanálisis no hay solución inmediata, sólo la larga y paciente investigación de las razones. En segundo lugar, Freud.
¿Cómo puede decirse que está obsoleto si aún no lo hemos entendido a cabalidad? Lo que sí es cierto es que nos ha dado a conocer cosas completamente nuevas que ni siquiera habríamos imaginado antes de él. Desde los problemas del inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, desde el acceso a lo simbólico hasta la sujeción a las leyes del lenguaje.
- Su doctrina pone en tela de juicio la verdad, es una cuestión que nos concierne a todos y cada uno personalmente. Es algo muy distinto a una crisis. Lo repito: estamos lejos de Freud. Su nombre también ha servido para cubrir muchas cosas, ha habido desviaciones, los epígonos no siempre han seguido fielmente el modelo, se han creado confusiones. Tras su muerte en 1939, algunos de sus alumnos también pretendieron ejercer el psicoanálisis de otro modo, reduciendo su enseñanza a una fórmula banal: la técnica como ritual, la práctica restringida al tratamiento de la conducta, y como medio de readaptación del individuo a su entorno social. Es la negación de Freud, un psicoanálisis de comodidad, de salón.
El propio Freud lo previó. Solía decir que hay tres posiciones insostenibles, tres tareas imposibles: gobernar, educar y ejercer el psicoanálisis. En nuestros días, poco importa quién asume la responsabilidad de gobernar y todo el mundo se cree educador. En cuanto a los psicoanalistas, gracias a Dios, prosperan, como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarla significa un éxito asegurado, y la clientela se atropella a sus puertas. El psicoanálisis es otra cosa.
- ¿Exactamente qué?
– Lo defino como un síntoma, revelador de la enfermedad de la civilización en la que vivimos. Ciertamente, no es una filosofía. Aborrezco la filosofía, hace ya mucho tiempo que no dice nada interesante. El psicoanálisis tampoco es una fe y no me gusta llamarlo ciencia. Digamos que es una práctica y que se ocupa de lo que no anda bien. Terriblemente difícil porque pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible, lo imaginario. Ha obtenido algunos resultados hasta el presente pero aún no tiene reglas y se presta a todo tipo de equívocos.
No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, bien sea con respecto a la medicina, o la psicología y a sus anexos. Freud murió hace apenas 35 años. Su primer libro, La Interpretación de los Sueños, fue publicado en 1900, con muy poco éxito. Se vendieron, eso creo, 300 ejemplares en varios años. Tuvo pocos pupilos, a quienes se les tomaba por locos, y que ni siquiera estaban de acuerdo en la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.
- ¿Qué es lo que no anda bien en el hombre de hoy?
– Es ese gran hastío, la vida como consecuencia del curso del progreso. A través del psicoanálisis, las personas esperan aventurarse hasta donde puedan ir arrastrando ese hastío.
- ¿Qué impulsa a la gente a hacerse psicoanalizar?
– El miedo. Cuando le ocurren cosas, incluso cosas que desea, cosas que no comprende, el hombre siente miedo. Sufre por no entender y poco a poco cae en un estado de pánico. Es la neurosis. En la neurosis histérica, el cuerpo enferma de miedo de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva, el miedo mete cosas raras en la mente, pensamientos que no podemos controlar, fobias en las cuales las formas y objetos adquieren significaciones diversas que suscitan miedo.
- ¿Por ejemplo?
– El neurótico se siente obligado por una necesidad tremenda de ir docenas de veces a verificar si un grifo está realmente cerrado. O si una cosa está en su lugar, sabiendo sin embargo con certeza que el grifo está como debe estar y que la cosa está en el lugar donde debe estar. No hay píldoras que curen esto. Hay que descubrir por qué esto nos pasa y saber qué significa.
- ¿Y la cura?
– El neurótico es un enfermo que se cura con la palabra, y sobre todo con su propia palabra. Debe hablar, contar, explicarse a sí mismo. Freud definía el psicoanálisis como la asunción por parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro. El psicoanálisis es el reino de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente no es tan profundo como inaccesible a un examen profundo de lo consciente. Y decía que en ese inconsciente, el que habla es un sujeto dentro del sujeto, trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.
-¿La palabra de quién, del enfermo o del psicoanalista?
– En el psicoanálisis los términos “enfermo”, “medicina”, “remedio” no son más precisos que las fórmulas pasivas que adoptamos comúnmente. Cuando hablamos de “hacerse psicoanalizar” cometemos un error. Quien hace el verdadero trabajo en el análisis es quien habla, el sujeto analizado. Aunque lo haga de la manera sugerida por el analista quien le indica cómo proceder, y lo ayuda mediante sus intervenciones. Él también proporciona una interpretación.
A simple vista, ella parece dar un sentido a lo que dice el analizado. En realidad, la interpretación es más sutil, tendiendo a borrar el sentido de las cosas por las que sufre el individuo. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que el síntoma, digamos la enfermedad, no tiene relación alguna con nada, que está privada de cualquier sentido posible. Aunque en apariencia es real, no existe.
Las vías por las que procede este acto de la palabra exigen mucha práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medición son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que se le da al individuo analizado. En consecuencia, el psicoanálisis es difícil.
–Cuando se habla de Jacques Lacan se asocia inevitablemente este nombre con una fórmula, el “regreso” a Freud ¿Qué significa esto?
– Exactamente lo que se dice. El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que regresar a Freud, a sus términos y definiciones, leídos e interpretados en sentido literal. Yo fundé en París una escuela freudiana precisamente con este objetivo. Hace más de 20 años que expongo mi punto de vista: regresar a Freud significa simplemente despejar el terreno de desviaciones y equívocos de la fenomenología existencial por ejemplo, como del formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de la enseñanza de Freud según los principios definidos y enumerados a partir de su trabajo. Releer a Freud quiere decir sencillamente releer a Freud. Quien no lo hace en el psicoanálisis, utiliza una fórmula abusiva.
–Pero Freud es difícil. Y se dice que Lacan lo vuelve francamente incomprensible. A Lacan se le reprocha hablar y sobre todo escribir de una maneta tal que sólo unos pocos adeptos pueden esperar comprender.
– Lo sé, se me tiene por un oscuro que esconde su pensamiento tras una cortina de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis, repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real” ¿Acaso no está claro? Pero el psicoanálisis no es cosa de niños.
Mis libros son definidos como incomprensibles ¿Pero por qué? No los escribí para todo el mundo, para que fueran comprendidos por todos. Al contrario, nunca me ocupé en lo más mínimo de complacer a ningún tipo de lector, quien quiera que sea. Tenía cosas que decir y las dije. Me basta con tener un público que lee. Si no comprenden, paciencia. En cuanto al número de lectores, he tenido más suerte que Freud. Mis libros son incluso más leídos, eso me sorprende.
También estoy convencido de que en diez años máximo, el que me lea hallará todo transparente, como una buena jarra de cerveza. Quizá entonces dirán: ‘Este Lacan, que banalidad’”. – ¿Cuáles son las características del lacanismo?
– Aún es muy pronto para decirlo, ya que el lacanismo todavía no existe. Apenas se siente su aroma, como un presentimiento.
En todo caso, Lacan es un señor que práctica el psicoanálisis desde al menos 40 años y que durante todos esos años lo ha estudiado. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Escribí en mi libro que “a lo que nos lleva el descubrimiento de Freud es a la enormidad del orden en el que hemos entrado, en el que nacimos por segunda vez, si se quiere expresar así, saliendo del estado llamado muy acertadamente infans, sin palabra”.
El orden simbólico sobre el cual Freud basó su descubrimiento está constituido por el lenguaje como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de la palabra el que crea el mundo de las cosas, inicialmente confusas en todo lo que está por suceder. Sólo las palabras pueden dar un sentido cabal a la esencia de las cosas. Sin las palabras, nada existiría ¿Qué sería el placer sin el intermediario de la palabra?
Mi idea es que Freud, enunciando en sus primeras obras – La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y tabú- las leyes del inconsciente, fue el precursor de la postulación de las teorías con las cuales unos años después Ferdinand de Saussure abriría la vía a la lingüística moderna. Esta está sometida, como todo el resto, a las leyes del lenguaje. Sólo las palabras pueden engendrarla y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no avanzaría ni un paso en las investigaciones sobre el pensamiento. Este es el caso del psicoanálisis. Cualquiera que sea la función que se le atribuya, agente de sanación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio del cual nos servimos: la palabra del paciente. Y toda palabra amerita una respuesta.
– Luego, es análisis en tanto que diálogo. Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo de la confesión.
- ¿Pero qué confesión? No le confesamos nada al psicoanalista. Uno se deja llevar a decirle cosas, simplemente, todo lo que nos pasa por la cabeza. Palabras, precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis es el hombre como animal hablante. Le corresponde al analista ordenar las palabras que escucha y darles un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, hace falta un acuerdo, la alianza entre el analizado y el analista.
A través del discurso de uno, el otro intenta de hacerse una idea de lo que se trata y descubrir más allá del síntoma aparente el nudo difícil de la verdad. La otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer entender al paciente lo que puede esperarse del análisis.
– Es una relación de extrema confianza.
– Más bien un intercambio donde lo importante es que uno habla y el otro escucha. También el silencio. El analista no plantea preguntas y no tiene ideas. Sólo da las respuestas que quiere darle a las cuestiones que suscitan su deseo. Pero al final del final, el analizado siempre va a donde lo lleva el analista.
– Acaba de hablar de la cura ¿Hay posibilidad de curar? ¿Superar la neurosis?
– El psicoanálisis triunfa cuando limpia el terreno, sale del síntoma, sale de lo real. Es decir, cuando llega a la verdad.
- ¿Podría enunciar el mismo concepto de una manera menos lacaniana?
– Llamo síntoma a todo lo que viene de lo real. Y real a todo aquello que anda mal, que no funciona, que se opone a la vida del hombre y al enfrentamiento de su personalidad. Lo real siempre regresa al mismo lugar. Siempre lo encontramos allí, con los mismos rostros. Los científicos tienen razón al decir que nada es imposible en lo real. Hace falta un tupé sagrado para afirmar cosas de este tipo, o bien, como lo supongo, la total ignorancia de lo que se hace y se dice.
Lo real y lo imposible son antitéticos, no pueden ir juntos. El análisis empuja al individuo hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas con sentido, acciones que tienen un sentido.
Escuchamos repetir que hay que darle sentido a esto o aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero no sabemos nada de nada sobre la vida. Los sabios se afanan en explicárnoslo.
Mi temor es que por su fracaso, lo real, esa cosa monstruosa que no existe, termine por tomarlo, por arrastrarlo. La ciencia sustituye a la religión y además es más despótica, obtusa y oscurantista. Hay un dios-átomo, un dios-espacio, etc. Si la ciencia gana o la religión, el psicoanálisis está acabado.
– ¿En nuestros días, que relación existe entre la ciencia y el psicoanálisis?
– Para mí, la única ciencia verdadera, seria, a seguir, es la ciencia-ficción. La otra, la oficial, la que tiene sus altares en los laboratorios, avanza a tientas, sin equilibrio. E incluso, comienza a tener miedo de su propia sombra.
Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, en sus batas almidonadas, esos viejos chiquillos que juegan con cosas desconocidas, fabricando aparatos cada vez más complicados e inventando fórmulas cada vez más oscuras, comienzan a preguntarse lo que podrá venir mañana, a dónde nos llevarán finalmente sus investigaciones siempre novedosas. En fin, yo me pregunto ¿y si fuera demasiado tarde? Los biólogos se lo preguntan hoy, o los físicos, los químicos. Para mí, están locos. Aunque ya están en el proceso de cambiarle el rostro al universo, sólo ahora, en el presente se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso ¿Y si todo saltara? ¿Si las bacterias cultivadas tan amorosamente en los blancos laboratorios se transformaran en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de estas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por esos sabios de los laboratorios?
A las tres posiciones imposibles de Freud, , educación, psicoanálisis, yo le agregaría una cuarta, la ciencia. Salvo que los sabios no saben que su posición es insostenible.
– Esa es una visión bastante pesimista de lo que llamamos progreso.
– No, es otra cosa. No soy pesimista. No pasará nada. Por la sencilla razón de que el hombre es un bueno para nada, ni siquiera es capaz de destruirse a sí mismo. Personalmente, me parecería maravillosa una calamidad total producida por el hombre. Esa sería la prueba de que ha llegado a hacer algo con sus manos, su cabeza, sus intervenciones divinas, naturales o de otra especie.
Todas esas bellas bacterias sobrealimentadas por diversión, diseminadas en el mundo como las langostas de la Biblia, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no sucederá. La ciencia atraviesa, afortunadamente, por una crisis de responsabilidad, todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo anuncié: lo real tomará la delantera, como siempre. Y nosotros seremos como siempre dichosos.
– Otra paradoja de Jacques Lacan. Se le reprocha, además de la dificultad del lenguaje y oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas del lenguaje, los retruécanos a la francesa, y precisamente, las paradojas. Quien lo escucha o quien lo lee tiene el derecho a sentirse desorientado.
– De hecho, ya no bromeo, digo cosas muy serias. Me sirvo solamente de la palabra como los sabios de los que he hablado se sirven de sus alambiques y de sus instalaciones electrónicas. Siempre busco referirme a la experiencia del psicoanálisis.
– Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre promedio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que ve con sus ojos, lo que toca.
– Deslastrémonos también de este hombre promedio que, en principio no existe. Existen individuos, eso es todo. Cuando escucho hablar del hombre común, de fenómenos de masa y de cosas de ese tipo, pienso en todos los pacientes que he visto pasar por el diván en cuarenta años de escucha. Ninguno, en medida alguna, se parece al otro, ninguno tiene las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre promedio ¿quién es ese? ¿Yo, usted, mi conserje, el presidente de la república?
– Hablábamos de lo real, del mundo que vemos todos.
- Exactamente. La diferencia entre lo real, es decir lo que está mal, y lo simbólico, lo imaginario es decir la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no hay mundo, basta con pensar en todas las banalidades que una infinidad de imbéciles creen que es el mundo. Y yo invito a mis amigos de Panorama, antes de acusarme de paradójico, a reflexionar sobre lo que apenas han leído.
– Se diría que usted es siempre pesimista.
– Eso no es cierto. No me clasifico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Será muy infeliz el psicoanalista que no haya superado el estadio de la angustia. Es cierto, a nuestro alrededor hay cosas horripilantes y devoradoras, como la televisión por medio de la cual una gran parte de nosotros es fagocitada. Pero esto sólo ocurre porque hay personas que se dejan fagocitar, que hasta se inventan un interés por lo que ven.
Luego, hay otros ardides monstruosos igualmente devoradores: los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo de los océanos, etc. Todas cosas que devoran. Pero no hay motivo para dramatizar. Estoy seguro de que cuando nos hartemos de los cohetes, de la televisión y de todas las malditas investigaciones al vacío, encontraremos otra cosa de qué ocuparnos. Es una reviviscencia de la religión ¿verdad? ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión? Es una fiestas continua para divertirse durante siglos como ya ha quedado demostrado.
Mi respuesta a todo eso, es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. Lo único real que podemos concebir, a lo que tenemos acceso es justamente eso: habrá que buscarle una razón, darle sentido a las cosas, como decimos. De otro modo, el hombre no tendría angustia, Freud no se habría hecho célebre, y yo sería profesor de liceo.
– ¿Las angustias siempre son de esta naturaleza o existen angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a determinadas épocas históricas, a algunas latitudes?
– La angustia del sabio que tiene miedo de sus descubrimientos puede parecer reciente. ¿Pero qué sabemos de lo que ocurrió en otros tiempos? ¿De los dramas des otros investigadores? La angustia del obrero esclavo en la cadena de producción como en la rama de una galera, es la angustia de hoy. O, más sencillamente, está vinculada con las otras definiciones y palabras de hoy.
- ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?
– Algo que se sitúa más allá de nuestro cuerpo, un miedo, pero de nada, que el cuerpo, incluido el espíritu, puede motivar. El miedo del miedo, en resumen. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel que las percibimos tienen que ver con el sexo. Freud decía que la sexualidad, para el animal hablante que se llama hombre, no tiene ni remedio ni esperanza. Una de las tareas del analista es encontrar en la palabra del paciente la relación entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.
– Hoy en día, cuando el sexo se distribuye por todas partes, sexo en el cine, sexo en el teatro, sexo en la televisión, sexo en los periódicos, en las canciones, en las playas, se dice que las personas siente menos angustia por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo ya no da miedo.
– La sexomanía invasora no es más que un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa sería que tiene que ver, lo repito, con una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe el psicoanálisis colectivo, así como no hay angustias o neurosis de masas.
Que el sexo sea puesto al orden del día en cada esquina, tratado como un detergente cualquiera en los carruseles televisados, no implica ninguna promesa de beneficio alguno. No digo que eso sea malo. No basta ciertamente con tratar las angustias y los problemas particulares. Hay que partir de la moda, de esa fingida liberalización que se nos da, como un bien otorgado desde arriba, por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve a nivel del psicoanálisis.
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