martes, 25 de septiembre de 2012

¿Somos lo que Otros hicieron de nosotros?


Cuando nacemos necesitamos de Otro, eso lo sabemos todos… necesitamos que alguien cuide de nosotros, nos dé de comer, bañe, duerma, etc. pero no alcanza solamente con eso. Un bebé no sólo se alimenta de leche, también se alimenta de símbolos. Palabras, mimos, miradas, caricias… el  lenguaje transformará el organismo natural de ese pequeño en un cuerpo, este cuerpo  ha perdido lo instintivo  al ser tocado, nombrado, libidinizado por quienes  se han ocupado de sus cuidados. ¿Cómo ocurre  esto?, observemos por un momento a una madre interactuar con su hijo, ¿Qué vemos?, ¿Qué escuchamos?: “De quien son esos jamoncitos”, “quien es el bebé más hermoso/lindo”, “Las pecas/lunares de mamá”, “La panza de papá”, “Nariz de chanchito/ de porotito” etc, etc, infinitas serán las palabras, las formas de nombrar a ese niño/a  y  a su cuerpo,  la forma en que es acariciado, besado,  determinará a ese futuro sujeto, determinará la forma en que ese sujeto disfrute y  marcará el camino por el cual  hallará  su  satisfacción.
En Tres Ensayos para una teoría sexual, Freud dirá que la madre despierta la sexualidad al erogenizar el cuerpo del niño con sus caricias, miradas, con su voz, con sus demandas y expectativas. La madre demandará al niño que duerma, que coma, que hable, que calle, que controle esfínteres, transformando así las funciones fisiológicas naturales en pulsiones.
Como ya nos enseñó Freud, no solo se trata de cubrir las necesidades básicas de supervivencia, sino que lo que nos hace diferentes de otros animales es que necesitamos que Otro nos desee, que nos dé un lugar (incluso antes de nacer), Otro que nos proporcione un “ser”, aunque este “ser” sea  seguramente erróneo, aunque sea cuestionado, detestado o disfrutado, de aquí se parte. Luego si se quiere, se  pondrá en cuestión en un análisis  estos lugares/seres que nos han sido otorgados y que hemos tomado.
Una madre (o todo aquel que cumpla esa función), puede anhelar muchas cosas para ese bebé, puede esperar de él  infinitas cosas: En cuanto a lo físico, que tenga los ojos del papá, la altura de  mamá. En cuanto al temperamento o carácter, que sea tranquilo/a como la abuela, alegre como la tía, que no sea como el abuelo, en fin… Anhelos como: “va a ser la más hermosa, inteligente” – “Va a ser de carácter fuerte, se va a hacer respetar” – “no le va a tener miedo a nada” – “será el príncipe de la casa”- “él que nunca trajo problemas” .  Estos anhelos o expectativas pueden ir acompañados o no de un deseo, es importante saber que no es lo mismo, ya que el deseo en psicoanálisis es inconsciente e innombrable. El deseo de esa madre/padre  es inconsciente, y seguramente  tendrá que ver con sus vivencias infantiles y con el lugar (también inconsciente) que a ella/él  le han dado. Es innombrable, con esto quiero  decir que al ser inconsciente no hay una palabra, un símbolo, frase algo que defina a ese deseo. En un psicoanálisis, de lo que se tratará, entre otras cosas, es  de  ponerle palabras a ese deseo, que se desplace, que se empiece a mover, que  se transforme en  acciones, actividades, profesiones, pasatiempos, ocio, esparcimientos…
Se tratará de poner en cuestión ese lugar, ese ser tomado, se invitará  al sujeto a que  se pregunte porqué, para qué  responde a ese lugar (por ejemplo “El que nunca trajo problemas”), preguntarse qué beneficios le trae, que satisfacciones (si es que las tiene).
 Se trata en definitiva de cuestionar el discurso en el que cada ser humano ha sido insertado.  ¿Para qué?, puede ser para varias cosas… para saber porqué lo hacemos o porqué NO lo hacemos, para padecer menos y disfrutar un poco más, para poder tener una posición diferente frente al Otro.
 Lacan nos dice: “No da lo mismo un sujeto que siempre estuvo sometido a otro que lo aplastó, llámese a este otro: causa, padre, religión. A que ese sujeto  empiece a jugar su propia carta, sin estar siempre esperando el permiso del Otro, su palabra o su deseo.”

Lic. Romina Giuliante – Psicóloga UBA – Psicoanalista – www.savoirfairepsi.neositios.com

sábado, 28 de abril de 2012


Entrevista a Jacques Lacan La entrevista fue realizada en 1974 por Emilio Granzotto, y fue inédita hasta el 2004.

Lacan: "En diez años máximo, 
el que me lea hallará todo transparente, 
como una buena jarra de cerveza"
 
Emilio Granzotto 
Magazine Litteraire 

-Cada vez se habla con más frecuencia de la crisis del psicoanálisis. Se dice que Sigmund Freud está obsoleto, la sociedad moderna ha descubierto que su obra no basta para entender al hombre, ni para interpretar a fondo su relación con el mundo. 

- Esos son cuentos. En primer lugar, la crisis. No existe tal crisis, no puede haberla. El psicoanálisis aún no ha encontrado sus propios límites. Todavía hay tanto por descubrir en la práctica y en el conocimiento. En el psicoanálisis no hay solución inmediata, sólo la larga y paciente investigación de las razones. En segundo lugar, Freud. 

¿Cómo puede decirse que está obsoleto si aún no lo hemos entendido a cabalidad? Lo que sí es cierto es que nos ha dado a conocer cosas completamente nuevas que ni siquiera habríamos imaginado antes de él. Desde los problemas del inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, desde el acceso a lo simbólico hasta la sujeción a las leyes del lenguaje. 

Su doctrina pone en tela de juicio la verdad, es una cuestión que nos concierne a todos y cada uno personalmente. Es algo muy distinto a una crisis. Lo repito: estamos lejos de Freud. Su nombre también ha servido para cubrir muchas cosas, ha habido desviaciones, los epígonos no siempre han seguido fielmente el modelo, se han creado confusiones. Tras su muerte en 1939, algunos de sus alumnos también pretendieron ejercer el psicoanálisis de otro modo, reduciendo su enseñanza a una fórmula banal: la técnica como ritual, la práctica restringida al tratamiento de la conducta, y como medio de readaptación del individuo a su entorno social. Es la negación de Freud, un psicoanálisis de comodidad, de salón. 

El propio Freud lo previó. Solía decir que hay tres posiciones insostenibles, tres tareas imposibles: gobernar, educar y ejercer el psicoanálisis. En nuestros días, poco importa quién asume la responsabilidad de gobernar y todo el mundo se cree educador. En cuanto a los psicoanalistas, gracias a Dios, prosperan, como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarla significa un éxito asegurado, y la clientela se atropella a sus puertas. El psicoanálisis es otra cosa. 

- ¿Exactamente qué? 

– Lo defino como un síntoma, revelador de la enfermedad de la civilización en la que vivimos. Ciertamente, no es una filosofía. Aborrezco la filosofía, hace ya mucho tiempo que no dice nada interesante. El psicoanálisis tampoco es una fe y no me gusta llamarlo ciencia. Digamos que es una práctica y que se ocupa de lo que no anda bien. Terriblemente difícil porque pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible, lo imaginario. Ha obtenido algunos resultados hasta el presente pero aún no tiene reglas y se presta a todo tipo de equívocos. 

No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, bien sea con respecto a la medicina, o la psicología y a sus anexos. Freud murió hace apenas 35 años. Su primer libro, La Interpretación de los Sueños, fue publicado en 1900, con muy poco éxito. Se vendieron, eso creo, 300 ejemplares en varios años. Tuvo pocos pupilos, a quienes se les tomaba por locos, y que ni siquiera estaban de acuerdo en la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido. 

- ¿Qué es lo que no anda bien en el hombre de hoy? 

– Es ese gran hastío, la vida como consecuencia del curso del progreso. A través del psicoanálisis, las personas esperan aventurarse hasta donde puedan ir arrastrando ese hastío. 

- ¿Qué impulsa a la gente a hacerse psicoanalizar? 

– El miedo. Cuando le ocurren cosas, incluso cosas que desea, cosas que no comprende, el hombre siente miedo. Sufre por no entender y poco a poco cae en un estado de pánico. Es la neurosis. En la neurosis histérica, el cuerpo enferma de miedo de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva, el miedo mete cosas raras en la mente, pensamientos que no podemos controlar, fobias en las cuales las formas y objetos adquieren significaciones diversas que suscitan miedo. 

- ¿Por ejemplo? 

– El neurótico se siente obligado por una necesidad tremenda de ir docenas de veces a verificar si un grifo está realmente cerrado. O si una cosa está en su lugar, sabiendo sin embargo con certeza que el grifo está como debe estar y que la cosa está en el lugar donde debe estar. No hay píldoras que curen esto. Hay que descubrir por qué esto nos pasa y saber qué significa. 

- ¿Y la cura? 

– El neurótico es un enfermo que se cura con la palabra, y sobre todo con su propia palabra. Debe hablar, contar, explicarse a sí mismo. Freud definía el psicoanálisis como la asunción por parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro. El psicoanálisis es el reino de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente no es tan profundo como inaccesible a un examen profundo de lo consciente. Y decía que en ese inconsciente, el que habla es un sujeto dentro del sujeto, trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis. 

-¿La palabra de quién, del enfermo o del psicoanalista? 

– En el psicoanálisis los términos “enfermo”, “medicina”, “remedio” no son más precisos que las fórmulas pasivas que adoptamos comúnmente. Cuando hablamos de “hacerse psicoanalizar” cometemos un error. Quien hace el verdadero trabajo en el análisis es quien habla, el sujeto analizado. Aunque lo haga de la manera sugerida por el analista quien le indica cómo proceder, y lo ayuda mediante sus intervenciones. Él también proporciona una interpretación. 

A simple vista, ella parece dar un sentido a lo que dice el analizado. En realidad, la interpretación es más sutil, tendiendo a borrar el sentido de las cosas por las que sufre el individuo. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que el síntoma, digamos la enfermedad, no tiene relación alguna con nada, que está privada de cualquier sentido posible. Aunque en apariencia es real, no existe. 

Las vías por las que procede este acto de la palabra exigen mucha práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medición son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que se le da al individuo analizado. En consecuencia, el psicoanálisis es difícil. 

Cuando se habla de Jacques Lacan se asocia inevitablemente este nombre con una fórmula, el “regreso” a Freud ¿Qué significa esto? 

– Exactamente lo que se dice. El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que regresar a Freud, a sus términos y definiciones, leídos e interpretados en sentido literal. Yo fundé en París una escuela freudiana precisamente con este objetivo. Hace más de 20 años que expongo mi punto de vista: regresar a Freud significa simplemente despejar el terreno de desviaciones y equívocos de la fenomenología existencial por ejemplo, como del formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de la enseñanza de Freud según los principios definidos y enumerados a partir de su trabajo. Releer a Freud quiere decir sencillamente releer a Freud. Quien no lo hace en el psicoanálisis, utiliza una fórmula abusiva. 

Pero Freud es difícil. Y se dice que Lacan lo vuelve francamente incomprensible. A Lacan se le reprocha hablar y sobre todo escribir de una maneta tal que sólo unos pocos adeptos pueden esperar comprender. 

– Lo sé, se me tiene por un oscuro que esconde su pensamiento tras una cortina de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis, repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real” ¿Acaso no está claro? Pero el psicoanálisis no es cosa de niños. 

Mis libros son definidos como incomprensibles ¿Pero por qué? No los escribí para todo el mundo, para que fueran comprendidos por todos. Al contrario, nunca me ocupé en lo más mínimo de complacer a ningún tipo de lector, quien quiera que sea. Tenía cosas que decir y las dije. Me basta con tener un público que lee. Si no comprenden, paciencia. En cuanto al número de lectores, he tenido más suerte que Freud. Mis libros son incluso más leídos, eso me sorprende. 
También estoy convencido de que en diez años máximo, el que me lea hallará todo transparente, como una buena jarra de cerveza. Quizá entonces dirán: ‘Este Lacan, que banalidad’”. 

 ¿Cuáles son las características del lacanismo? 

– Aún es muy pronto para decirlo, ya que el lacanismo todavía no existe. Apenas se siente su aroma, como un presentimiento. 

En todo caso, Lacan es un señor que práctica el psicoanálisis desde al menos 40 años y que durante todos esos años lo ha estudiado. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Escribí en mi libro que “a lo que nos lleva el descubrimiento de Freud es a la enormidad del orden en el que hemos entrado, en el que nacimos por segunda vez, si se quiere expresar así, saliendo del estado llamado muy acertadamente infans, sin palabra”. 

El orden simbólico sobre el cual Freud basó su descubrimiento está constituido por el lenguaje como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de la palabra el que crea el mundo de las cosas, inicialmente confusas en todo lo que está por suceder. Sólo las palabras pueden dar un sentido cabal a la esencia de las cosas. Sin las palabras, nada existiría ¿Qué sería el placer sin el intermediario de la palabra? 

Mi idea es que Freud, enunciando en sus primeras obras – La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y tabú- las leyes del inconsciente, fue el precursor de la postulación de las teorías con las cuales unos años después Ferdinand de Saussure abriría la vía a la lingüística moderna. Esta está sometida, como todo el resto, a las leyes del lenguaje. Sólo las palabras pueden engendrarla y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no avanzaría ni un paso en las investigaciones sobre el pensamiento. Este es el caso del psicoanálisis. Cualquiera que sea la función que se le atribuya, agente de sanación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio del cual nos servimos: la palabra del paciente. Y toda palabra amerita una respuesta. 

 Luego, es análisis en tanto que diálogo. Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo de la confesión. 

- ¿Pero qué confesión? No le confesamos nada al psicoanalista. Uno se deja llevar a decirle cosas, simplemente, todo lo que nos pasa por la cabeza. Palabras, precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis es el hombre como animal hablante. Le corresponde al analista ordenar las palabras que escucha y darles un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, hace falta un acuerdo, la alianza entre el analizado y el analista. 

A través del discurso de uno, el otro intenta de hacerse una idea de lo que se trata y descubrir más allá del síntoma aparente el nudo difícil de la verdad. La otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer entender al paciente lo que puede esperarse del análisis. 

 Es una relación de extrema confianza. 

– Más bien un intercambio donde lo importante es que uno habla y el otro escucha. También el silencio. El analista no plantea preguntas y no tiene ideas. Sólo da las respuestas que quiere darle a las cuestiones que suscitan su deseo. Pero al final del final, el analizado siempre va a donde lo lleva el analista. 

 Acaba de hablar de la cura ¿Hay posibilidad de curar? ¿Superar la neurosis? 

– El psicoanálisis triunfa cuando limpia el terreno, sale del síntoma, sale de lo real. Es decir, cuando llega a la verdad. 

- ¿Podría enunciar el mismo concepto de una manera menos lacaniana? 

– Llamo síntoma a todo lo que viene de lo real. Y real a todo aquello que anda mal, que no funciona, que se opone a la vida del hombre y al enfrentamiento de su personalidad. Lo real siempre regresa al mismo lugar. Siempre lo encontramos allí, con los mismos rostros. Los científicos tienen razón al decir que nada es imposible en lo real. Hace falta un tupé sagrado para afirmar cosas de este tipo, o bien, como lo supongo, la total ignorancia de lo que se hace y se dice. 
Lo real y lo imposible son antitéticos, no pueden ir juntos. El análisis empuja al individuo hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas con sentido, acciones que tienen un sentido. 

Escuchamos repetir que hay que darle sentido a esto o aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero no sabemos nada de nada sobre la vida. Los sabios se afanan en explicárnoslo. 
Mi temor es que por su fracaso, lo real, esa cosa monstruosa que no existe, termine por tomarlo, por arrastrarlo. La ciencia sustituye a la religión y además es más despótica, obtusa y oscurantista. Hay un dios-átomo, un dios-espacio, etc. Si la ciencia gana o la religión, el psicoanálisis está acabado. 

 ¿En nuestros días, que relación existe entre la ciencia y el psicoanálisis? 

– Para mí, la única ciencia verdadera, seria, a seguir, es la ciencia-ficción. La otra, la oficial, la que tiene sus altares en los laboratorios, avanza a tientas, sin equilibrio. E incluso, comienza a tener miedo de su propia sombra. 

Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, en sus batas almidonadas, esos viejos chiquillos que juegan con cosas desconocidas, fabricando aparatos cada vez más complicados e inventando fórmulas cada vez más oscuras, comienzan a preguntarse lo que podrá venir mañana, a dónde nos llevarán finalmente sus investigaciones siempre novedosas. En fin, yo me pregunto ¿y si fuera demasiado tarde? Los biólogos se lo preguntan hoy, o los físicos, los químicos. Para mí, están locos. Aunque ya están en el proceso de cambiarle el rostro al universo, sólo ahora, en el presente se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso ¿Y si todo saltara? ¿Si las bacterias cultivadas tan amorosamente en los blancos laboratorios se transformaran en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de estas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por esos sabios de los laboratorios? 

A las tres posiciones imposibles de Freud, , educación, psicoanálisis, yo le agregaría una cuarta, la ciencia. Salvo que los sabios no saben que su posición es insostenible. 

 Esa es una visión bastante pesimista de lo que llamamos progreso. 

– No, es otra cosa. No soy pesimista. No pasará nada. Por la sencilla razón de que el hombre es un bueno para nada, ni siquiera es capaz de destruirse a sí mismo. Personalmente, me parecería maravillosa una calamidad total producida por el hombre. Esa sería la prueba de que ha llegado a hacer algo con sus manos, su cabeza, sus intervenciones divinas, naturales o de otra especie. 
Todas esas bellas bacterias sobrealimentadas por diversión, diseminadas en el mundo como las langostas de la Biblia, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no sucederá. La ciencia atraviesa, afortunadamente, por una crisis de responsabilidad, todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo anuncié: lo real tomará la delantera, como siempre. Y nosotros seremos como siempre dichosos. 

 Otra paradoja de Jacques Lacan. Se le reprocha, además de la dificultad del lenguaje y oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas del lenguaje, los retruécanos a la francesa, y precisamente, las paradojas. Quien lo escucha o quien lo lee tiene el derecho a sentirse desorientado. 

– De hecho, ya no bromeo, digo cosas muy serias. Me sirvo solamente de la palabra como los sabios de los que he hablado se sirven de sus alambiques y de sus instalaciones electrónicas. Siempre busco referirme a la experiencia del psicoanálisis. 

 Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre promedio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que ve con sus ojos, lo que toca. 

– Deslastrémonos también de este hombre promedio que, en principio no existe. Existen individuos, eso es todo. Cuando escucho hablar del hombre común, de fenómenos de masa y de cosas de ese tipo, pienso en todos los pacientes que he visto pasar por el diván en cuarenta años de escucha. Ninguno, en medida alguna, se parece al otro, ninguno tiene las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre promedio ¿quién es ese? ¿Yo, usted, mi conserje, el presidente de la república? 

 Hablábamos de lo real, del mundo que vemos todos. 

- Exactamente. La diferencia entre lo real, es decir lo que está mal, y lo simbólico, lo imaginario es decir la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no hay mundo, basta con pensar en todas las banalidades que una infinidad de imbéciles creen que es el mundo. Y yo invito a mis amigos de Panorama, antes de acusarme de paradójico, a reflexionar sobre lo que apenas han leído. 

 Se diría que usted es siempre pesimista. 

– Eso no es cierto. No me clasifico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Será muy infeliz el psicoanalista que no haya superado el estadio de la angustia. Es cierto, a nuestro alrededor hay cosas horripilantes y devoradoras, como la televisión por medio de la cual una gran parte de nosotros es fagocitada. Pero esto sólo ocurre porque hay personas que se dejan fagocitar, que hasta se inventan un interés por lo que ven. 

Luego, hay otros ardides monstruosos igualmente devoradores: los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo de los océanos, etc. Todas cosas que devoran. Pero no hay motivo para dramatizar. Estoy seguro de que cuando nos hartemos de los cohetes, de la televisión y de todas las malditas investigaciones al vacío, encontraremos otra cosa de qué ocuparnos. Es una reviviscencia de la religión ¿verdad? ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión? Es una fiestas continua para divertirse durante siglos como ya ha quedado demostrado. 

Mi respuesta a todo eso, es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. Lo único real que podemos concebir, a lo que tenemos acceso es justamente eso: habrá que buscarle una razón, darle sentido a las cosas, como decimos. De otro modo, el hombre no tendría angustia, Freud no se habría hecho célebre, y yo sería profesor de liceo. 

 ¿Las angustias siempre son de esta naturaleza o existen angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a determinadas épocas históricas, a algunas latitudes? 

– La angustia del sabio que tiene miedo de sus descubrimientos puede parecer reciente. ¿Pero qué sabemos de lo que ocurrió en otros tiempos? ¿De los dramas des otros investigadores? La angustia del obrero esclavo en la cadena de producción como en la rama de una galera, es la angustia de hoy. O, más sencillamente, está vinculada con las otras definiciones y palabras de hoy. 

- ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis? 

– Algo que se sitúa más allá de nuestro cuerpo, un miedo, pero de nada, que el cuerpo, incluido el espíritu, puede motivar. El miedo del miedo, en resumen. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel que las percibimos tienen que ver con el sexo. Freud decía que la sexualidad, para el animal hablante que se llama hombre, no tiene ni remedio ni esperanza. Una de las tareas del analista es encontrar en la palabra del paciente la relación entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido. 

 Hoy en día, cuando el sexo se distribuye por todas partes, sexo en el cine, sexo en el teatro, sexo en la televisión, sexo en los periódicos, en las canciones, en las playas, se dice que las personas siente menos angustia por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo ya no da miedo. 

– La sexomanía invasora no es más que un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa sería que tiene que ver, lo repito, con una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe el psicoanálisis colectivo, así como no hay angustias o neurosis de masas. 

Que el sexo sea puesto al orden del día en cada esquina, tratado como un detergente cualquiera en los carruseles televisados, no implica ninguna promesa de beneficio alguno. No digo que eso sea malo. No basta ciertamente con tratar las angustias y los problemas particulares. Hay que partir de la moda, de esa fingida liberalización que se nos da, como un bien otorgado desde arriba, por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve a nivel del psicoanálisis. 

jueves, 8 de marzo de 2012

EL CUERPO GRITA... LO QUE LA BOCA CALLA

 Muchas veces,
 El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no
llora...
El dolor de garganta "tapona" cuando no es
posible comunicar las aflicciones.
El estómago "arde" cuando las rabias no
consiguen salir.
La diabetes "invade" cuando la soledad
duele.
El cuerpo "engorda" cuando la insatisfacción
aprieta.
El dolor de cabeza "deprime" cuando las
dudas aumentan.
El corazón "afloja" cuando el sentido de la
vida parece terminar.
El pecho "aprieta" cuando el orgullo
esclaviza.
La presión "sube" cuando el miedo
aprisiona.
Las neurosis "paralizan" cuando el niño
interior tiraniza.
La fiebre "calienta" cuando las defensas
explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas "duelen" cuando tu orgullo no se
doblega.
El cáncer "mata" cuando te cansas de vivir.
¿Y tus dolores callados? ¿Cómo hablan en tu
cuerpo?

Dr. Nelson Torres


jueves, 23 de febrero de 2012

Fábula del sapo y la luciérnaga

En el silencio de la noche oscura
sale de la espesura
incauta la luciérnaga modesta,
y su templado brillo
luce en la oscuridad el gusanillo.
Un sapo vil, a quien la luz enoja,
tiro traidor le asesta,
y de su boca inmunda
la saliva mortífera le arroja.
La luciérnaga dijo moribunda:
¿Qué te hice yo para que así atentaras
a mi vida inocente?
Y el monstruo respondió: Bicho imprudente,
siempre las distinciones valen caras:
no te escupiera yo, si no brillaras.

martes, 10 de enero de 2012

Psicoanálisis y Sociedad

El psicoanálisis y el vínculo social
Por Judith Miller


No es la primera vez que escuchamos los resultados de la elaboración de prácticas cotidianas en la clínica privada y en las instituciones privadas o públicas. Esta vez, sin embargo, es la primera vez que se hace bajo el título de la utilidad pública. Es la primera vez que el psicoanálisis afirma aquello que ya se sabe pero que no se decía, aquello que es tan evidente que puede quedar escondido y que no parecía necesario poner a cielo abierto. Estos últimos años hemos tenido que confrontarnos, con una nueva configuración de la cultura que  necesita explicitar ahora la utilidad pública del psicoanálisis. ¿Cómo es posible que, después de casi cien años de la publicación del texto de Freud "El malestar en la cultura", tengamos que desarrollar e insistir sobre este tema?
Diré brevemente cuál es mi respuesta a esta pregunta.
Asistimos hoy a la articulación de una promesa de felicidad que se convierte en un deber y a una universalización del derecho a la felicidad. La cultura de la globalización pretende realizar tal promesa a través de las leyes del mercado y de sus implicaciones en la vida cotidiana. El libro de Jean-Claude Milner, "La política de las cosas", designa con este término, "la política de las cosas", esta vinculación de la trampa de la promesa de felicidad con los imperativos de las leyes del mercado. Jean-Claude Milner ubica la responsabilidad del Campo freudiano y de la orientación lacaniana como un "deboitement" -como un "no seguir el paso"- ante estos imperativos. El Campo freudiano ha tomado posición, y ayuda a cada uno a tomar posición, en este contexto. No se trata de una mera posición "anti-" que conduciría a una acción que participa y refuerza aquello que rechaza. El "deboitement" -el no seguir el paso- significa abrir el espacio de una política que permita no reducir al ciudadano a un mero usuario de servicios y a un productor-consumidor en una economía mundializada. 
Es el movimiento que produce en la marcha del regimiento de un ejército un desplazamiento, una perturbación. Es el movimiento de un coche que se sale de la fila para ir hacia otro camino.
El movimiento lacaniano opera un "deboitement" -un salirse de la fila- abriendo un espacio donde pueda reintroducirse la palabra de un sujeto que está siempre dividido, donde el equívoco pueda ser escuchado. Este espacio es el espacio de la humanidad que permite tener otro recurso que la repetición o el pasaje al acto. Esta humanidad está amenazada por el hecho de quedar reducida al mutismo a través de las normas y de sus protocolos establecidos, así como por todas las técnicas que manejan la sugestión y el forzamiento autoritario. 

Mucha gente está ya decidida a elegir el "deboitement", a resistir activamente a la estandarización que se impone en nombre de los derechos universales de los seres humanos.
Pienso que el psicoanálisis contribuye a esta resistencia activa y responde a su necesidad. El psicoanálisis no está solo en esta coyuntura, está acompañado por la opinión ilustrada y tiene la responsabilidad de ampliar esta opinión, de hacerse más presente y visible en la opinión pública.
Esta es también una tarea de utilidad pública que evita la dimisión, la depresión, la violencia, y también el aburrimiento.


viernes, 18 de noviembre de 2011

Consumir para vivir, vivir para consumir

En nuestra vida moderna consumidora de tiempo, se cree en la ficción de que todo padecimiento, angustia o dolor pueden ser resueltos con la adquisición de objetos.
El consumo se ha convertido en el motor de la producción, vender cada vez mas productos a mas gente, es la base del sistema liberal capitalista. La nueva publicidad parece considerar irrelevante la utilidad, calidad, composición o diseño del producto considerando mas importante utilizar como estrategia de venta el asociar a sus productos  símbolos que representen valores y emociones. A través de la publicidad se fabrican necesidades para abrir nuevos campos donde colocar los productos, se investigan ilusiones y apetencias para crear falsas necesidades a través de la mercadotecnia y el desarrollo de técnicas psico-sociales.  Podríamos preguntarnos ¿porqué ahora?, ¿que fue lo que cambió en nuestra sociedad?, no podemos negar que las publicidades actuales nos atrapan,  nos dejan pensando o  nos hacen reír, nos identificamos con determinados personajes que utilizan o tienen determinado producto, evidentemente mas allá del producto que vendan producen algo en cada sujeto… cuando un tiempo atrás solamente el foco estaba puesto en el producto en sí,  ¿donde está puesto el foco ahora?.
Nuestra  nueva cultura  produce un malestar contemporáneo que se expresa en la preocupación por la identidad, si bien la falta de identidad es inherente al ser humano, nos es necesario en determinado momento de nuestro desarrollo, prendernos a un   Ideal, identificarnos con eso. Así obtenemos una de las tantas respuestas posibles que tapone por un tiempo a esa falta de identidad. Por lo tanto es necesario prendernos para luego des-prendernos de dicho Ideal, para dejarlo caer.  La época actual se caracteriza por una  declinación de los Ideales,  vemos a un ser humano centrado en sí mismo, en su personalidad y en su cuerpo, con un individualismo atroz y los objetos de consumo, en todas sus variedades, vienen al lugar del Ideal faltante,  donde parecería que cuando se obtiene el objeto se colma el ser, hasta que ese objeto cae, se desecha y se va en la búsqueda de uno nuevo y así sucesivamente… nos encontramos atrapados en un círculo  del  que parece imposible salir.
El discurso de la época   empuja  cada vez mas al sujeto  a un consumo sin limites, hay una transformación del deseo en necesidad donde todos somos adictos en potencia, y a todo, todo parece esperarse del objeto y nada del sujeto.
El discurso psicoanalítico apunta a que el sujeto se haga responsable de lo que goza y cómo goza. ¿De que manera?, Lacan propone la ética del bien-decir, ésta no se trata de una doctrina de valores o normas que dirían donde está el bien del sujeto, se trata de que el sujeto se reconozca en el inconsciente, asociando libremente, bajo la regla de decir todo lo que acuda a su mente. Los efectos de un psicoanálisis son puramente discursivos, de lo que se trata es de afrontar la angustia de la época.
Los brillos del mundo no son necesario para la vida, lo único que vale es que cada quien viva de acuerdo a lo más autentico de sí, a su deseo.

Lic. Romina Giuliante
Psicóloga UBA 

jueves, 20 de octubre de 2011

Ese resto que obstaculiza al principio de placer

En sus tres ensayos de una  teoría sexual, Freud define al masoquismo como una vuelta del sadismo hacia el yo, ósea que el masoquismo sólo existiría ligado al sadismo. Esto resultó insuficiente para Freud, y en el texto “el problema económico del masoquismo” toma otro camino para abordar este tema, tomando también elementos de un texto anterior (pegan a un niño).
Uno de los planteos  es que el masoquismo se aleja de la meta sexual, Freud había ubicado al sadismo como uno de los componentes de la pulsión sexual y el masoquismo no era más que el sadismo vuelto contra  la propia persona, pero se aleja de la meta sexual. En ese punto se produce un quiebre, una ruptura en esa continuidad entre sadismo y masoquismo, ya no serían tan complementarios. Por otro lado, del texto “pegan a un niño”, Freud extrae el carácter displacentero de un cumplimiento pulsional, donde aparece la fantasía de la paliza en relación a una satisfacción pulsional, pero de carácter displacentero, en ruptura con el principio de placer.
Freud admite la existencia de un masoquismo primario, cuyo origen está aparejado con el sadismo primitivo. El elemento primordial es la conjunción entre conciencia de culpa y erotismo, donde el ser-azotado es caracterizado por Freud como la esencia del masoquismo. Existe un castigo por el deseo genital prohibido, y una regresión hacia una etapa anterior, modificada, reprimida, en la cual se encuentra el núcleo de la excitación libidinosa, sería una regresión al estadio sádico-anal, en donde ser-pegado es ser-amado. 
En “el problema económico del masoquismo”, encontramos las formulaciones finales con respecto al concepto de masoquismo, diferenciando dos tipos: masoquismo primario y secundario y tres formas en las que éste se expresa: La primera, un masoquismo erógeno fundamento de las otros dos formas: El masoquismo femenino y el masoquismo moral.
Según el principio de placer, el sujeto evita a toda costa el displacer o sufrimiento y procura el placer en toda ocasión, parece extraño que un sujeto busque en el displacer la fuente de su satisfacción. Según Freud esto es así debido a que la pulsión de muerte, que es pulsión de destrucción, se proyecta hacia el exterior, al servicio de la sexualidad, pero queda una parte sin exteriorizar en el organismo. El primer trabajo que se le presenta a la pulsión de vida es la mezcla pulsional, enviar hacia fuera esa cantidad, eso sería el sadismo, esta sería la operación.
La diferencia es que se puede ubicar un resto a esa operación, esta operación no es sin un resto, cuyo testigo es el masoquismo primario.
El ser vivo se enfrenta con la pulsión de muerte, ésta impera dentro de él, la tarea de la libido es volver inocua esta pulsión destructora, y lo hace dirigiéndola hacia los objetos del mundo exterior. Un sector de esta pulsión es puesto al servicio de la función sexual, pero otro sector no obedece a ese traslado hacia fuera, permanece en el interior del organismo. Allí donde la pulsión de muerte y la libido se entrelazan, es donde Freud indica discernir el masoquismo.
Ese resto que queda, hace de obstáculo al principio de placer.
Lacan en el seminario 11 señala que, en cuanto a la satisfacción el sujeto pasa entre “dos murallas de imposible”: Por un lado se trata de este planteo Freudiano, donde ese resto, ese real, hace de obstáculo al principio de placer y se opone al logro de la satisfacción. Ya Freud decía que el carácter distintivo de la pulsión era la imposibilidad de una satisfacción plena.
La segunda muralla que ubica Lacan, corresponde al principio de placer mismo, ya que no hay objeto alguno que satisfaga la pulsión. Es decir que el principio de placer está en función de un imposible. No hay satisfacción plena que conduzca al sentimiento oceánico, pero no se trata solo de esto sino también  que el aparato psíquico produce un excedente en calidad y en cantidad de sufrimiento. Freud es claro al decir que no hay ninguna capacidad originaria en el sujeto para distinguir entre el  bien y el mal, mas aún, a nivel del inconsciente no hay contradicción. Freud deduce la operación de una influencia externa en tal categorización, como proveniente del campo del Otro, influencia a la que el sujeto se somete merced de su propio desvalimiento originario.
Aparece el mal en la vida del hombre como la posibilidad de la perdida de amor   del Otro primordial. La pérdida del amor, es el padecimiento tal vez más doloroso, dice Freud. El signo de la retirada del Otro remite al desamparo y promueve en primer plano la angustia de castración.
Esta pérdida es interpretada como castigo, y el sujeto se siente culpable (sentimiento inconsciente de culpa). La falta se subjetiva como culpa, lo que angustia en tanto pérdida de amor se traspone en la figura impersonal y abstracta del superyo que inculcará el goce de la culpa y reclamará sin tregua mas renuncias.
El deseo Freudiano se caracteriza por la máxima singularidad, de aquí que el bien al que convoca el psicoanálisis no se refiere a ninguna categoría de bien-estar, aunque no es sin cierta cesión de malestar.
Lacan propone la ética del bien-decir, plantea que ésta no se trata de una doctrina de valores o normas que dirían donde está el bien del sujeto. No se basa sobre la serie placer-displacer o sobre los criterios de realidad. En “televisión” Lacan define el bien decir, “como el deber de reconocerse en el inconsciente, en la estructura”, encontrarse en los “efectos que la combinatoria pura y simple del significante determina en la realidad donde se produce”, en la realidad de la experiencia analítica como campo donde eso habla, y encontrase en los efectos de combinatoria significante significa no perderse en los enredos  del inconsciente, no perder de vista lo real, orientarse respecto a eso para producir en el decir, algo de lo real del sujeto.
Del lado del analista el bien decir concierne a la interpretación, y es lo que le va a permitir ser operativo en su acto, es decir, afectar el deseo del Otro haciéndolo venir a la enunciación en posición de x.
Del lado del analizante el bien decir está presente en la regla fundamental, la regla de decirlo todo, introduce la incompatibilidad del deseo y de la palabra, introduce el medio-decir de la verdad, pero también el bien-decir como un imperativo ético para el analizante.
La ética del analizante se plantea, tanto para Freud como para Lacan en la formula wo Es war soll Ich werden, llegar por el decir allí donde eso estaba.



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