viernes, 18 de noviembre de 2011

Consumir para vivir, vivir para consumir

En nuestra vida moderna consumidora de tiempo, se cree en la ficción de que todo padecimiento, angustia o dolor pueden ser resueltos con la adquisición de objetos.
El consumo se ha convertido en el motor de la producción, vender cada vez mas productos a mas gente, es la base del sistema liberal capitalista. La nueva publicidad parece considerar irrelevante la utilidad, calidad, composición o diseño del producto considerando mas importante utilizar como estrategia de venta el asociar a sus productos  símbolos que representen valores y emociones. A través de la publicidad se fabrican necesidades para abrir nuevos campos donde colocar los productos, se investigan ilusiones y apetencias para crear falsas necesidades a través de la mercadotecnia y el desarrollo de técnicas psico-sociales.  Podríamos preguntarnos ¿porqué ahora?, ¿que fue lo que cambió en nuestra sociedad?, no podemos negar que las publicidades actuales nos atrapan,  nos dejan pensando o  nos hacen reír, nos identificamos con determinados personajes que utilizan o tienen determinado producto, evidentemente mas allá del producto que vendan producen algo en cada sujeto… cuando un tiempo atrás solamente el foco estaba puesto en el producto en sí,  ¿donde está puesto el foco ahora?.
Nuestra  nueva cultura  produce un malestar contemporáneo que se expresa en la preocupación por la identidad, si bien la falta de identidad es inherente al ser humano, nos es necesario en determinado momento de nuestro desarrollo, prendernos a un   Ideal, identificarnos con eso. Así obtenemos una de las tantas respuestas posibles que tapone por un tiempo a esa falta de identidad. Por lo tanto es necesario prendernos para luego des-prendernos de dicho Ideal, para dejarlo caer.  La época actual se caracteriza por una  declinación de los Ideales,  vemos a un ser humano centrado en sí mismo, en su personalidad y en su cuerpo, con un individualismo atroz y los objetos de consumo, en todas sus variedades, vienen al lugar del Ideal faltante,  donde parecería que cuando se obtiene el objeto se colma el ser, hasta que ese objeto cae, se desecha y se va en la búsqueda de uno nuevo y así sucesivamente… nos encontramos atrapados en un círculo  del  que parece imposible salir.
El discurso de la época   empuja  cada vez mas al sujeto  a un consumo sin limites, hay una transformación del deseo en necesidad donde todos somos adictos en potencia, y a todo, todo parece esperarse del objeto y nada del sujeto.
El discurso psicoanalítico apunta a que el sujeto se haga responsable de lo que goza y cómo goza. ¿De que manera?, Lacan propone la ética del bien-decir, ésta no se trata de una doctrina de valores o normas que dirían donde está el bien del sujeto, se trata de que el sujeto se reconozca en el inconsciente, asociando libremente, bajo la regla de decir todo lo que acuda a su mente. Los efectos de un psicoanálisis son puramente discursivos, de lo que se trata es de afrontar la angustia de la época.
Los brillos del mundo no son necesario para la vida, lo único que vale es que cada quien viva de acuerdo a lo más autentico de sí, a su deseo.

Lic. Romina Giuliante
Psicóloga UBA 

jueves, 20 de octubre de 2011

Ese resto que obstaculiza al principio de placer

En sus tres ensayos de una  teoría sexual, Freud define al masoquismo como una vuelta del sadismo hacia el yo, ósea que el masoquismo sólo existiría ligado al sadismo. Esto resultó insuficiente para Freud, y en el texto “el problema económico del masoquismo” toma otro camino para abordar este tema, tomando también elementos de un texto anterior (pegan a un niño).
Uno de los planteos  es que el masoquismo se aleja de la meta sexual, Freud había ubicado al sadismo como uno de los componentes de la pulsión sexual y el masoquismo no era más que el sadismo vuelto contra  la propia persona, pero se aleja de la meta sexual. En ese punto se produce un quiebre, una ruptura en esa continuidad entre sadismo y masoquismo, ya no serían tan complementarios. Por otro lado, del texto “pegan a un niño”, Freud extrae el carácter displacentero de un cumplimiento pulsional, donde aparece la fantasía de la paliza en relación a una satisfacción pulsional, pero de carácter displacentero, en ruptura con el principio de placer.
Freud admite la existencia de un masoquismo primario, cuyo origen está aparejado con el sadismo primitivo. El elemento primordial es la conjunción entre conciencia de culpa y erotismo, donde el ser-azotado es caracterizado por Freud como la esencia del masoquismo. Existe un castigo por el deseo genital prohibido, y una regresión hacia una etapa anterior, modificada, reprimida, en la cual se encuentra el núcleo de la excitación libidinosa, sería una regresión al estadio sádico-anal, en donde ser-pegado es ser-amado. 
En “el problema económico del masoquismo”, encontramos las formulaciones finales con respecto al concepto de masoquismo, diferenciando dos tipos: masoquismo primario y secundario y tres formas en las que éste se expresa: La primera, un masoquismo erógeno fundamento de las otros dos formas: El masoquismo femenino y el masoquismo moral.
Según el principio de placer, el sujeto evita a toda costa el displacer o sufrimiento y procura el placer en toda ocasión, parece extraño que un sujeto busque en el displacer la fuente de su satisfacción. Según Freud esto es así debido a que la pulsión de muerte, que es pulsión de destrucción, se proyecta hacia el exterior, al servicio de la sexualidad, pero queda una parte sin exteriorizar en el organismo. El primer trabajo que se le presenta a la pulsión de vida es la mezcla pulsional, enviar hacia fuera esa cantidad, eso sería el sadismo, esta sería la operación.
La diferencia es que se puede ubicar un resto a esa operación, esta operación no es sin un resto, cuyo testigo es el masoquismo primario.
El ser vivo se enfrenta con la pulsión de muerte, ésta impera dentro de él, la tarea de la libido es volver inocua esta pulsión destructora, y lo hace dirigiéndola hacia los objetos del mundo exterior. Un sector de esta pulsión es puesto al servicio de la función sexual, pero otro sector no obedece a ese traslado hacia fuera, permanece en el interior del organismo. Allí donde la pulsión de muerte y la libido se entrelazan, es donde Freud indica discernir el masoquismo.
Ese resto que queda, hace de obstáculo al principio de placer.
Lacan en el seminario 11 señala que, en cuanto a la satisfacción el sujeto pasa entre “dos murallas de imposible”: Por un lado se trata de este planteo Freudiano, donde ese resto, ese real, hace de obstáculo al principio de placer y se opone al logro de la satisfacción. Ya Freud decía que el carácter distintivo de la pulsión era la imposibilidad de una satisfacción plena.
La segunda muralla que ubica Lacan, corresponde al principio de placer mismo, ya que no hay objeto alguno que satisfaga la pulsión. Es decir que el principio de placer está en función de un imposible. No hay satisfacción plena que conduzca al sentimiento oceánico, pero no se trata solo de esto sino también  que el aparato psíquico produce un excedente en calidad y en cantidad de sufrimiento. Freud es claro al decir que no hay ninguna capacidad originaria en el sujeto para distinguir entre el  bien y el mal, mas aún, a nivel del inconsciente no hay contradicción. Freud deduce la operación de una influencia externa en tal categorización, como proveniente del campo del Otro, influencia a la que el sujeto se somete merced de su propio desvalimiento originario.
Aparece el mal en la vida del hombre como la posibilidad de la perdida de amor   del Otro primordial. La pérdida del amor, es el padecimiento tal vez más doloroso, dice Freud. El signo de la retirada del Otro remite al desamparo y promueve en primer plano la angustia de castración.
Esta pérdida es interpretada como castigo, y el sujeto se siente culpable (sentimiento inconsciente de culpa). La falta se subjetiva como culpa, lo que angustia en tanto pérdida de amor se traspone en la figura impersonal y abstracta del superyo que inculcará el goce de la culpa y reclamará sin tregua mas renuncias.
El deseo Freudiano se caracteriza por la máxima singularidad, de aquí que el bien al que convoca el psicoanálisis no se refiere a ninguna categoría de bien-estar, aunque no es sin cierta cesión de malestar.
Lacan propone la ética del bien-decir, plantea que ésta no se trata de una doctrina de valores o normas que dirían donde está el bien del sujeto. No se basa sobre la serie placer-displacer o sobre los criterios de realidad. En “televisión” Lacan define el bien decir, “como el deber de reconocerse en el inconsciente, en la estructura”, encontrarse en los “efectos que la combinatoria pura y simple del significante determina en la realidad donde se produce”, en la realidad de la experiencia analítica como campo donde eso habla, y encontrase en los efectos de combinatoria significante significa no perderse en los enredos  del inconsciente, no perder de vista lo real, orientarse respecto a eso para producir en el decir, algo de lo real del sujeto.
Del lado del analista el bien decir concierne a la interpretación, y es lo que le va a permitir ser operativo en su acto, es decir, afectar el deseo del Otro haciéndolo venir a la enunciación en posición de x.
Del lado del analizante el bien decir está presente en la regla fundamental, la regla de decirlo todo, introduce la incompatibilidad del deseo y de la palabra, introduce el medio-decir de la verdad, pero también el bien-decir como un imperativo ético para el analizante.
La ética del analizante se plantea, tanto para Freud como para Lacan en la formula wo Es war soll Ich werden, llegar por el decir allí donde eso estaba.



martes, 20 de septiembre de 2011

Jacques Alain Miller: “Los seis paradigmas del goce”

Jacques Alain Miller: “Los seis paradigmas del goce”


En los meses de marzo/abril de  1999, Miller dicta uno de sus cursos anuales al que llamó “Los seis paradigmas del goce”, posteriormente en el año 2000 dicho curso aparecerá publicado en el libro “El lenguaje aparato del goce”.
Los seis paradigmas del goce, son seis escansiones temporales, cronológicas, que Miller produce con la obra de Lacan. Con estos paradigmas, Miller intenta ordenar los diferentes momentos de la enseñanza de Lacan respecto a la doctrina del goce, proponiendo en cada paradigma  una noción distinta de goce. Miller llama a estos paradigmas “Fotogramas simplificados”

1º paradigma “La imaginarización del goce
(hasta seminario nº 4)
En el primer paradigma "El goce imaginario", es entendido como obstáculo, como barrera a la elaboración simbólica. Este goce imaginario no procede del lenguaje, de la palabra, de la comunicación; sino que está unido al yo como instancia imaginaria.
Este Paradigma refiere al primer movimiento de la enseñanza de Lacan, el cual se desarrolla con la introducción de lo simbólico. Lo que aquí ocupa la escena conceptual es la demostración de la función de la palabra, en tanto dadora de sentido. En este primer momento las consecuencias respecto al goce quedan veladas, y lo que domina es la comunicación concebida como intersubjetiva y dialéctica. Lo que llama aquí comunicación, al principio refiere a la relación de sujeto a sujeto, luego esta intersubjetividad es corregida por Lacan cuando introduce la disimetría en la relación de sujeto a sujeto en “Intervención sobre la transferencia”, los dos sujetos en función no son equivalentes, puesto que el analista sujeto, escucha, puntúa, interpreta y así decide el sentido.
En estos primeros años de la enseñanza de Lacan, el inconsciente aparece unas veces como lenguaje y otras como palabra. En la vertiente de la palabra Lacan desarrolla la intersubjetividad, en la vertiente del lenguaje, pone el acento en la autonomía de lo simbólico (la cadena significante así como vuelve sobre el Otro tiene sus propias exigencias, una lógica).
En este paradigma, el fantasma es el lazo que articula a-a’, en una transitividad que necesitará del nombre del padre para imponer un orden que se superpone.
Otro concepto, como la Regresión, en este paradigma está referida a una disgregación, a una descontrucción del ego y de sus relaciones imaginarias.


Punto de vista económico, punto de vista de la satisfacción
Lacan concede el privilegio al desciframiento simbólico, la  satisfacción esencial debe ser encontrada en la comunicación misma, que tiene que ver con el otorgamiento de sentido. Pero la satisfacción simbólica no lo es todo, ¿Qué ocurre con las pulsiones de la investidura libidinal y de sus fijaciones, del fantasma, del superyó, así como del yo?
Frente a la satisfacción simbólica que extiende su imperio sobre el conjunto del psiquismo, permanece la satisfacción imaginaria, que llamará, el goce.
En el primer paradigma, la libido tiene un estatuto imaginario y el goce como imaginario no procede del lenguaje, de la palabra y de la comunicación, sino que se relaciona con el yo como instancia imaginaria. Si tenemos que buscar el  lugar del goce como distinto de la satisfacción simbólica, lo encontramos en el eje imaginario a-a’. Lacan califica de imaginario todo lo que no es susceptible de ser ubicado en la categoría de la satisfacción simbólica.
El goce imaginario no es dialéctico, es descripto por Lacan como estancado e inerte.
Antes de su informe de Roma, Lacan considera que la transferencia no pertenece a la dialéctica de la experiencia analítica sino que surge de la dimensión imaginaria, apareciendo en un momento de estancamiento de la dialéctica que reproduce los modos de constitución de los objetos.
El primer paradigma acentúa la disyunción entre el significante y el goce. El significante tiene su lógica, tiene su recorrido, liberado de las adherencias al goce. El goce imaginario es susceptible de cierto numero de emergencias en la experiencia analítica, cuando se manifiesta una falla, una ruptura en la cadena simbólica.
Lacan ha relacionado cierto número de fenómenos con rupturas de la cadena simbólica y sus emergencias de goce imaginario:
-La lectura que hace del acting  out tomado de la experiencia de Kris : lo relaciona con la emergencia de una relación oral primordialmente suprimida, con un elemento de goce imaginario.
-En el seminario nº 4 cuando habla de las perversiones transitorias, consideradas como emergencias de goce imaginario cuando la elaboración simbólica falta o falla.
- Miller refiere también  a este paradigma, la primera formula que da Lacan del superyó como figura obscena y feroz, donde el superyó es lo que emerge de una falla simbólica y proporciona fisonomía al goce imaginario. 

Cuando se rompe la cadena simbólica ascienden de lo imaginario los objetos, los productos, los efectos del goce. Todo lo que en  Freud es libidinal, se imputa al goce imaginario, como obstáculo, como barrera. Esto hace que Lacan presente el eje del goce imaginario como de través del eje simbólico, como obstáculo o barrera a la elaboración simbólica (esquema L , eje a-a’ , muro del lenguaje).
Lacan siempre añada que este imaginario está, al mismo tiempo, dominado por lo simbólico y no deja de recordar que lo imaginario sirve de material a lo simbólico, que lo simbólico opera sobre lo imaginario.

2º Paradigma “La significantización del goce”

(Seminario nº 5 – nº 6 -  Escritos II Subversión del sujeto y dialéctica del deseo - )
En el segundo paradigma, "La significantización del goce", asistimos a una transposición de lo imaginario en lo simbólico; una reescritura conceptual de los términos vertidos en la categoría de lo imaginario que resultan términos fundamentalmente simbólicos.
Este paradigma pertenece al segundo movimiento de la enseñanza de Lacan, no prosigue solamente al primero sino que se incorpora al primer paradigma, lo completa, hasta imponerse progresivamente, logrando prevalecer sobre el  primero.
Lacan muestra la consistencia y articulación simbólica de lo que es imaginario. Las pulsiones, no solo se estructuran en términos de lenguaje, (son capaces de metonimia, de sustitución, de combinación), sino que la pulsión se escribe a partir del sujeto simbólico, de la demanda, de un término eminentemente simbólico.
Esta sigla ($ <> D ) es un momento capital de la significantización del goce. Lacan escribe esta demanda del Otro en la formula de la pulsión: retranscribe la pulsión en términos simbólicos. (Ver en escritos II “subversión del sujeto y dialéctica del deseo” Pág. 796 donde dice “Si nuestra grafica completa nos permite situar a la pulsión como tesoro de los significantes, su notación como 
($ <> D) , mantiene su estructura ligándola a la diacronía. Es lo que adviene de la demanda cuando el sujeto se desvanece en ella”)
En relación al fantasma, Lacan se dedica a mostrar que no hay fantasma que no sea asimilable a una cadena significante, de ahí la formula del fantasma que proviene de este segundo paradigma ($<>a): la imagen en función significante está articulada al sujeto simbólico. Esta escritura del fantasma permanecerá mucho tiempo en la enseñanza de Lacan como el símbolo de la conexión entre lo simbólico y lo libidinal, además por mucho tiempo la cura se centrará en el fantasma como siendo el punto nodal donde lo imaginario y lo simbólico se concentran, como punto de capitón, esencial de estos registros.
Con este segundo paradigma, la Regresión es de naturaleza simbólica, se realiza por el retorno de significantes que han sido empleados en demandas pasadas.
El gran momento de este paradigma es el falo, su estatuto de imagen lo distingue ya del órgano, se desplaza para privilegiar su estatuto simbólico. El borramiento del goce por el significante, es lo que aparece en este paradigma, que esta condicionado por el modelo de la tachadura y pone de relieve el efecto de sublimación. El significante anula el goce y lo restituye con la forma del deseo significado.
Este paradigma responde a un movimiento inverso de reabsorción del goce en lo simbólico, lo imaginario continúa su existencia en su propia dimensión. El goce está repartido entre deseo y fantasma. Por un lado, es deseo, (significado de la demanda inconsciente), que es al mismo tiempo deseo muerto. Por otro lado es fantasma, donde se contrae todo lo que el goce comporta de vida. Este fantasma comporta la vida, el cuerpo viviente por la inserción del pequeño a. Este pequeño a conserva todos sus linderos imaginarios y concentra el punto mismo de lo libidinal ligado a lo viviente. Del lado del sujeto barrado  tenemos un ser de muerte porque es solamente función significante.
3º Paradigma “El goce Imposible”
(Seminario nº 7 - )
Presentación de la masividad del goce, ubicado como fuera de alcance. El goce conectado al horror.
 Paradigma que introduce el seminario “La ética  del psicoanálisis” (seminario que para el mismo Lacan era una especie de  corte)  y que podemos llamar   "El goce imposible" que quiere decir  el goce real. Eso es lo que quiere decir das ding, quiere decir que la satisfacción, la verdadera, la pulsional, no se encuentra ni en lo imaginario, ni en lo simbólico, está fuera de lo que está simbolizado, es del orden de lo real. Esto implica que tanto el orden simbólico como la relación imaginaria están para contener el goce real.
 Este paradigma implica una sustitución de la represión por la defensa. Mientras que la represión es un concepto que pertenece a lo simbólico; la defensa designa una orientación primera del ser. Se ilustra una profunda disyunción entre el significante y el goce.
En este paradigma tenemos una verdadera ruptura. El goce pasa a lo real, está descripto como fuera del sistema y tiene como rasgo un carácter absoluto. El goce esta puesto de relieve como fuera de sistema, sólo se accede al goce por forzamiento, es estructuralmente inaccesible, salvo por trasgresión. La gran figura de Antígona aparece en primer plano, como franqueando la barrera de la ciudad, la ley, la barrera de lo bello, para avanzar hasta la zona del horror que implica el goce.
Deseo y fantasma no saturan aquello de lo que se trata en el goce y se encuentra forzado a echar al goce fuera de lo simbólico y de lo imaginario en lo real. Este paradigma pone al goce del lado de la cosa, (el goce masivo)  La cosa es el Otro del Otro exactamente en tanto falta en el Otro.
4º paradigma “El goce fragmentado”
Del goce fragmentado al goce normal
(Seminario nº 11)
Aquí ya no se habla de un goce masivo y fuera del alcance, sino de un goce fragmentado en objetos a. No está situado en un abismo, sino en un pequeño hueco.
Lacan dice “El objeto a es simplemente la presencia de un hueco, de un vacío”. Tenemos acceso al goce por la pulsión vuelta a pensar, a través de una pulsión que hace una ida y vuelta. En el seminario “los cuatro conceptos…”, el modelo de relación al goce es el arte, el cuadro, la contemplación pacifica del objeto de arte. Lacan dice “La obra de arte calma a la gente, le hace bien”.
En el seminario 11 se comienza por el cuerpo fragmentado de las pulsiones parciales, por las zonas erógenas autónomas que buscan  cada una su propio bien. Luego si hay una integración se realiza gracias al goce pulsional, que es un goce automático alcanzado siguiendo el camino normal de la pulsión, su ida y vuelta, sin trasgresión. En este paradigma se forja una alianza entre el significante y el goce. La finalidad de los dos mecanismos de Alienación y Separación, es la articulación estrecha entre lo simbólico y el goce.
Las dos operaciones:
Alienación: es de orden simbólico. El resultado de esta operación implica una respuesta de goce. Es la separación
La operación de alienación nos da un sujeto significante, reducido a una falta de significante, es decir, no tiene otra sustancia que el conjunto vacío.
Para poder presentar la operación de separación y la introducción de un objeto a como respuesta a la falta significante, hay que introducir las propiedades del cuerpo sexuado, su mortalidad, su relación con el Otro sexo, su individualidad. Lo que con Lacan se traduce como pérdida de vida que implica como tal la existencia del cuerpo del sujeto. Podemos introducir los objetos de la pulsión como reparando, colmando esta pérdida de vida.
Alienación, está hecha para unificar dos conceptos, identificación y represión. La identificación, supone a un significante que representa al sujeto, significante absorbente que esta en el Otro, al cual el sujeto se identifica, al mismo tiempo que permanece como conjunto vacío, (división del sujeto). Entonces, por un lado el sujeto permanece como conjunto vacío y está representado como significante. Por otro lado, encuentra, al mismo tiempo Represión. Si tomamos una cadena significante cuyo mínimo es S1-S2, la represión quiere decir que uno de los dos pasa por debajo, aquel que representa al sujeto.
Separación: Conlleva el funcionamiento normal de la pulsión en tanto que responde al vacío que resulta de la identificación y de la represión. Del mismo modo que el sujeto vale como falta-en-ser, la pulsión se define como incluyendo un hueco, una hiancia.
En este seminario Lacan describe al inconsciente como un borde que se abre y se cierra. Poner de relieve lo que se abre y se cierra, permite volver al inconsciente homogéneo a una zona erógena. Lacan describe al inconsciente como una zona erógena, para mostrar que hay una comunidad de estructura entre el inconsciente simbólico y el funcionamiento de la pulsión.
Aquí el goce, en lugar de aparecer como irreductible a lo simbólico, en lugar de estar puramente reducido al significante, el goce es, a la vez, distinguido como tal al mismo tiempo que inscripto en el funcionamiento de un sistema.
Lacan abandona la noción de significante del goce. Nos introduce el objeto a, éste es un elemento del goce.
5º Paradigma “El goce discursivo”
(Seminario nº 16, 17 – radiofonía)
 "El goce discursivo";  consiste en deducir esa falta, ese agujero de goce, a partir del significante. Dando cuenta de la relación con el goce intrínseca al significante.
Corresponde a este paradigma, la elaboración de Lacan de los cuatro discursos. Lacan llamó discurso a la alienación y a la separación unificados. En “el reverso del psicoanálisis” dice: Hay una relación primaria del saber con el goce, que hay que entender como: Hay una relación primaria de los significantes con el goce.
Con la noción de discurso cambia la idea de que la relación significante/goce es una relación primaria y originaria. Allí Lacan valoriza la repetición como repetición de goce. El significante representa un sujeto para otro significante, es una relación que resume la alienación simbólica, pero los discursos de Lacan introducen que el significante representa un goce para otro significante. Al representar al goce, el significante falla tanto como el significante que representa el sujeto, ya que queda el conjunto vacío al lado.
Con este paradigma el goce al mismo tiempo que está prohibido, puede ser dicho entre líneas. Lo que aparece en el paradigma 4 como una pérdida natural de vida, en el paradigma 5 aparece como un efecto del significante, como pérdida significante de goce.
Sin duda hay una anulación, mortificación del goce, pero esta vez concebida como pérdida de goce, situada como efecto del significante. No es más una pérdida proveniente de la naturaleza sexuada misma, como en el paradigma 4, sino una pérdida totalmente significantizada. 
Lacan introduce el objeto a como plus de goce, como suplemento de la pérdida de goce. (Ruptura completa con los términos del paradigma 3). Lacan opone al término trasgresión, la repetición significante que vale como repetición de goce.
En el “reverso del psicoanálisis”, muestra que la repetición es necesaria para el goce. “La repetición se funda en un retorno de goce, la repetición apunta al goce”. Desde este momento el acceso al goce se alcanza por la vía de la entropía, de la pérdida producida por el significante.
El goce como Das ding, es pensado como un lugar fuera de lo simbólico y también como una identidad.
El goce como objeto a de la pulsión, el objeto oral, anal, escópico, vocal y eventualmente la nada.
La noción de plus de goce, aporta algo nuevo sobre el goce. El goce, como plus de goce, como lo que colma, pero jamás colma la pérdida de goce, lo que al mismo tiempo que da a gozar conserva la falta de goce, allí la lista de los objetos a se extiende, se amplifica. Los objetos de la sublimación están incluidos en la lista de los objetos a. La noción de plus de goce en Lacan, tiene por función extender el registro de los objetos a a todos los objetos de la industria, de la cultura, de la sublimación. Esto es lo que llama Lacan los nimios objetos a, lo que abunda en la sociedad para causar nuestro deseo y taponar la falta de goce.

6º Paradigma “La no relación”
Con el sexto y último paradigma, que Miller ubica en El Seminario 20, Aún; se presenta una inversión de todo el recorrido de Lacan. Este paradigma se funda en la no relación del significante y del significado, de goce y del Otro, del hombre y la mujer, bajo el modo de no hay relación sexual. Los términos que aseguraban la conjunción – el Otro, el nombre del padre, el falo- son reducidos a ser conectores. Miller representa este paradigma con dos círculos eulerianos cuya intersección está marcada como vacío.


La intersección vacía, es susceptible de ser llenada por términos que podemos considerar como suplencias. Este paradigma nos permite localizar el lugar en el que operan rutina e invención. Lo que es susceptible de suplir esta conexión que falta da cuenta de la rutina (tradición, herencia) o bien lo que puede ser inscripto en el registro de la invención.
Lo que distingue este paradigma es tomar como punto de partida el goce. El punto de partida no es el No hay relación sexual sino, al contrario, un Hay. Hay goce.
Lo que ocupa a Lacan en el seminario aún es poner en evidencia todo lo que del goce es goce Uno, es decir goce sin el Otro. De la misma manera que en sus comienzos se ocupó en demostrar que el goce era de pies a cabeza imaginario, aquí hace la demostración que el goce es fundamentalmente Uno, es decir, prescinde del Otro.

Versiones del goce Uno
-         El lugar del goce, es el propio cuerpo, es siempre el propio cuerpo que goza a través del medio que sea.
-         Goce en tanto está concentrado en la parte falica del cuerpo. Lacan pone el acento en el goce fálico, en tanto otra figura del goce Uno. Define este goce fálico, como goce del idiota, del solitario, un goce que se establece en la no relación al Otro.
-         Hay un goce de la palabra, la palabra es conexión al Otro en tanto palabra dirigida, el goce de la palabra no interviene en Lacan más que como una figura del goce Uno, separado del Otro. La palabra es goce, no es comunicación al Otro, es lo que quiere decir el blablabla. Desde la perspectiva del goce, la palabra no apunta al reconocimiento, a la comprensión, que no es mas que una modalidad del goce Uno.
-         En cuarto lugar Lacan nos da una versión de la sublimación que no implica al Otro.
El goce Uno es real, mientras que el goce del Otro aparece ya como una construcción problemática. El goce del Otro, es el goce sexual, el goce de Otro cuerpo sexuado diferentemente. Cuando se parte del goce, el Otro es el Otro sexo.
Este concepto de no relación que domina el sexto paradigma pone límite al concepto de estructura. No hay relación sexual, quiere decir que el goce da cuenta del régimen del Uno, que es goce Uno. El goce sexual, el goce del cuerpo del Otro sexo, esta especificado por una no relación. 





viernes, 2 de septiembre de 2011

ENTREVISTA A SIGMUND FREUD - 1926


Entrevista al Dr. Sigmund Freud
"El valor de la vida" 1926


Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los alpes austríacos. Yo había visto el país del psicoanalisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él. 

S. Freud:  Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad...Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornandonos la vida más  desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos. 

(Freud se rehúsa a admitir que el destino le reserva algo especial).

S. Freud: ¿Por qué (dice calmamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

George Sylvester Viereck: El señor tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de este señor. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.
S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mi o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.
George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?
S. Freud: Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra practicamente liquidó mis poseciones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.
(Estabamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)
S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer despues de estar muerto.
George Sylvester Viereck: ¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?

S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.
George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?
S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué deberia el hombre constituir una excepción?

George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?
S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviendose en un círculo, sería siempre la misma.  Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.
George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si asi lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.
S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Asi como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, asi también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanalisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.
George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría logicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.
S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la via directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.
(Estaba haciendo frio en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafia clara de Freud).

George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?

S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla. 
George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?
S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.
George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?
S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted puede ver....

(En ese momento apareció Miss Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años de facciones inconfundiblemente anglosajonas)
George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?
S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.
George Sylvester Viereck: Mi impresión es de que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. "Tout comprendre c'est tou pardonner".
S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiento la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.
(Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, porque él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).
S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto anti-semita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.
(Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. Entanto no precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)
George Sylvester Viereck: Me pone contento, Herr Profesor, de que también el señor tenga sus complejos, de que también el señor Freud demuestre que es un mortal!
S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.
George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!

S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la "caza de los leones". Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, Georg Bernard Shaw....
George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.

S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.
(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mi, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él)
George Sylvester Viereck: Me gustaría, observé después de un momento, poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis,  frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.
S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.
(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la  seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión)
George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.
S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.
George Sylvester Viereck: ¿Por qué?

S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestras pulsiones  y nuestra cultura. Mucho más desagradables que las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente), nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconcientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.
George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.

S. Freud: (sonriendo) Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería ciertamente, el miembro menos querido de la casa, si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!
George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. Entanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.
S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis despues del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconciente.
George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue mas compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.
S. Freud: El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.
George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.
S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.
George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría del "desplazamiento", de la "sexualidad infantil", de los "simbolismos de los sueños", etc- parecen permanentes.
S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.
George Sylvester Viereck: ¿Usted siempre pone el énfasis sobre todo en el sexo?
S. Freud: Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Whitman: "Más todo faltaría si faltase el sexo" (Yet all were lacking, if sex were lacking). Mientras tanto, ya le expliqué que ahora pongo el énfasis casi igual en aquello que está "más allá" del placer -la muerte, la negociación de la vida. Este deseo explica por qué algunos hombres aman al dolor -como un paso para el aniquilamiento! Explica por qué los poetas agradecen a: 
Whatever gods there be,
That no life lives forever
And even the weariest river
Wind somewhere safe to sea.
"Cualesquiera dioses que existan
Que la vida ninguna viva para siempre
Que los muertos jamás se levanten
Y también el río más cansado
Desagüe tranquilo en el mar
George Sylvester Viereck: Shaw, como usted, no desea vivir para siempre, pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés. 
S. Freud: (Sonriendo) Shaw no comprende al sexo. El no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. El hace humoradas del amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, él despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, por su negación del movil de todas las cosas humanas, que emanan de sus piezas el clamor universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia de la pulsion  sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, y usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.  
George Sylvester Viereck: Usted, sin duda, fue bien seguido al transmitir ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dió nuevas intensidades a la literatura. 
S. Freud: También recibí mucho de la literatura y la filosofía. Nietzche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente de los motivos duales de la conducta humana, y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente que él. El Zaratustra dice: "El dolor grita: ¡Va! Pero el placer quiere eternidad Pura, profundamente eternidad". El psicoanalisis puede ser menos discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos, su influencia en la literatura es inmensa por lo tanto. Thomas Mann y Hugo Von Hofmannsthak mucho nos deben a nosotros. Schnitzler recorre un sendero que es, en gran medida, paralela a mi propio desarrollo. El expresa poeticamente lo que yo intento comunicar científicamente. Pero el Dr. Schnitzle no es ni siquiera un poeta, es también un científico. 
George Sylvester Viereck: Usted no sólo es un científico, también es un poeta. La literatura americana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes, Harvrey O'Higgins y otros, son sus intérpretes. Es casi imposible abrir una nueva novela sin encontrar alguna referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos Eugene O'Neill y Sydney Howard tienen una gran deuda con usted. "The Silver Cord" por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo. 
S. Freud: Yo sé y entiendo el cumplido que hay en esa afirmación. Pero, tengo cierta desconfianza de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés americano por el psicoanálisis no se profundiza. La popularización lo lleva a la aceptación sin que se lo estudie seriamente. Las personas apenas repiten las frases que aprenden en el teatro o en las revistas. Creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot.  Yo prefiero la ocupación intensa con el psicoanálisis, tal como ocurre en los centros europeos, aunque Estados Unidos fue el primer país en reconocerme oficialmente.
La Clark University me concedió un diploma honorario cuando yo siempre fui ignorado en Europa. Mientras tanto, Estados Unidos hace pocas contribuciones originales al psicoanálisis.
Los americanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente tambien en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos, pues una formación estrictamente médica es con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro. 
¡Freud tiene que decir la verdad a cualquier precio! El no puede obligarse a sí mismo a agradar a Estados Unidos donde están la mayoría de sus seguidores. A pesar de su rudeza, Freud es la urbanidad en persona. El oye pacientemente cada intervención, procurando nunca intimidar al entrevistador. Raro es el visitante que se aleja de su presencia sin un presente, alguna señal de hospitalidad! 
Había oscurecido. Era tiempo de tomar el tren de vuelta a la ciudad que una vez cobijara el esplendor imperial de los Habsburgos. Acompañado de su esposa y de su hija, Freud desciende los escalones que lo alejan de su refugio en la montaña a la calle para verme partir. El me pareció cansado y triste al darme el adiós. 
"No me haga parecer un pesimista -dice Freud después de un apretón de manos. Yo no tengo desprecio por el mundo. 
Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplauso. 
¡No, yo no soy un pesimista, en tanto tenga a mis hijos, mi mujer y mis flores! 


No soy infelíz, al menos no más infelíz que otros". 

martes, 30 de agosto de 2011

La Psicosis Ordinaria y la aparente eficiencia de la figura paterna

En “enganches, desenganches, reenganches”, Miller plantea que en algunos casos resulta atípica la estructura del momento de desencadenamiento. “Los efectos de desencadenamiento parecen ciertos y habituales, con la regresión especular, la invasión de un goce deslocalizado y los cambios ulteriores por el delirio y la búsqueda de una solución personal.”[1]. Pero si nos remitimos al Esquema I de “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, la ausencia de significación falica Φ0  puede resultar evidente en los casos que Miller presenta en su libro,  pero  no parece legitimo suponer  P0 , quiere decir que no parece evidente que el padre no este en función. Se refiere a casos donde el modo de desencadenamiento no responde a la configuración clásica del encuentro con Un-padre, mas bien parece tratarse del encuentro con un goce enigmático, por falta de significación falica.  En estos casos, aparece una aparente eficiencia de la figura paterna. Miller dice que podría deducirse que el padre no esta en función (P0 ) a partir de la suposición teórica, que es la condición lógica y necesaria de la ausencia de significación falica (Φ) . Por esto resulta interesante volver a Lacan…

De una cuestión preliminar…

El texto refiere ante todo la forclusión del Nombre del Padre, al problema de la realidad, y luego a la alucinación.

Φ (falo simbólico)
φ (falo imaginario)
P(función del padre abolida)
Φ(elisión falica/ ausencia de significac/ falica)

Con el Esquema R Lacan intenta formalizar la estructura que tiene la realidad ahí donde la ley del Padre funciona. En este esquema Lacan articula el estadio del espejo al complejo de Edipo, para plantear que no hay ninguna posibilidad de unificación de la imagen del cuerpo si no opera el Padre, no hay ninguna posibilidad de constitución del yo (moi) si no opera el Padre. (si no opera el Padre, no significa que no hay imaginario, lo que no hay es el imaginario del estadio del espejo, que es un imaginario en cierto sentido consistente)




En el vértice inferior derecho aparecen dos letras: A, que es la letra con la que escribe el Otro como lugar y debajo de esa A hay una P, que designa al Padre. El esquema está construido desde la posición que ocupa el Padre en el Otro. Entonces, cuando el Padre, entendido como un elemento simbólico, ocupa su lugar en el Otro, la relación del sujeto con el Otro se ordena, y la realidad se constituye como un campo delimitado.
El triangulo inferior Lacan lo ubica como el campo simbólico (S): aquí ubica tres letras: P que designa al Padre, M que designa a la madre, en tanto objeto primordial, y la I que representa al Ideal donde Lacan ubica el lugar del niño, (este es el complejo de Edipo Freudiano escrito en términos simbólicos, ya que para Lacan el Edipo es una estructura simbólica). El hecho de que el Padre ocupe su lugar en el Otro produce la posibilidad de una separación entre un hijo y una madre, cosa que en las psicosis no va de suyo. Si el Padre ocupa su lugar en el Otro (si P en A), esto funda la ley, si opera el Padre se produce la significación falica.  Al  triangulo superior lo designa como el campo imaginario: aquí ubica tres letras: m-i , tienen que ver con el estadio del espejo. Lacan plantea que la propia imagen se constituye alienándose en la imagen del otro, y esto lo que establece es una superposición entre la propia imagen y la imagen del otro. Lacan sostiene que si nos quedamos en este nivel hay algo mortífero en esa relación imaginaria, porque, o queda anulado lo propio o hay que destruir al otro, que es una lógica esencialmente paranoica. El término que de alguna manera regula eso y hace que no sea una relación completamente mortífera, es el falo imaginario  (φ). La eficacia del φ se sostiene también en P, ya que es el Padre que pone en funciones al falo como elemento regulador. Lacan llama al falo el “prendido homologico”, porque es en lo imaginario (falo imaginario, φ), lo que es homologo al Padre (P) y prendido porque está agarrado de la operación paterna. 

El falo simbólico (Φ ) sostiene el funcionamiento del falo imaginario (φ )

La conjunción del triangulo simbólico con el triangulo imaginario, son los que sostienen el campo de la realidad, que es un campo que está delimitado.

En este campo de la realidad (cuadrángulo) encontramos:
-         Las distintas figuras del yo que vamos sosteniendo a lo largo de nuestra historia, porque no nos reconocemos siempre en la misma imagen, pero sin embargo de algún modo, somos siempre los mismos. Entonces, las distintas figuras del yo que se conjugan allí, en el campo de la realidad, con las diversas figuras del semejante, del otro imaginario, son con las que vamos entrando en algún tipo de relación.

Lacan ubica en el triangulo superior a la letra j que designa el goce. La operación del nombre del padre funda la ley prohibiendo el goce, pero no todo el goce, el padre prohíbe gozar de la madre y oferta un goce que va a estar permitido para el sujeto, el goce falico. El goce falico es mensurable, tiene un tiempo y se termina, esta marcado por la castración, es un goce acotado.

"La función del Nombre-del-padre responde,  a la necesidad de almohadillar el orden simbólico. En este sentido es un punto de almohadillado, es el punto de almohadillado en el orden simbólico, y en tanto que opera la metáfora  paterna, es el significante que detiene el deslizamiento de la significación…"


Cuando el Padre no ocupa su lugar en el Otro (No P en A):
Esquema I





Este esquema I Lacan lo armó con los términos del delirio de Schreber.  Lacan propone  que si bien hay una realidad que sería de algún modo la misma para todos en la neurosis, en las psicosis no sucede lo mismo, sino que la realidad es la que cada psicótico ha podido reconstruir.
Los dos términos que aparecían en el esquema R , P (Padre) y Φ (falo simbólico), en este esquema aparecen afectados por un índice o (cero), que estaría indicando que ni el padre ni el falo están en función. Que P y Φ no estén en función produce una progresiva disolución del orden imaginario y del orden simbólico. Las flechas que se desprenden de P0  y de Φ0  en el grafico, indican que hay una progresiva desarticulación  de esos dos campos. Lacan llama a estas dos escrituras (P0 , Φ) abismo simbólico y abismo imaginario. Entonces, P es la función del padre abolida en el campo de lo simbólico, donde se trata de la función de la palabra, la función del padre abolida sigue siendo la función de la palabra.
Del otro lado del esquema esta la elisión falica Φ0en el campo de lo imaginario, la imagen falica era la que (en el esquema R) orientaba de alguna manera el curso de los significantes, la imagen falica era la que suponía un ordenamiento de los stes (la imagen del poder, de la erección, del tener o ser). Ambos: P0 , Φ0   intervienen en la subjetividad, lo que producen es una exacerbación del eje a-a’, produce un efecto de absolutización que hace que el campo de la realidad pase a ser una línea gruesa, el eje imaginario a-a’ del estadio del espejo es el que organiza el campo de la realidad en la paranoia.
En este esquema, esta realidad, no es una realidad delimitada, no tiene límites que la enmarquen.
Donde en el esquema R estaba la letra P, aquí en el esquema I aparece la letra I que es el ste del Ideal, Lacan plantea que cuando el padre no ocupa su lugar en el Otro, una posibilidad es que el significante del Ideal de algún modo reemplace el efecto que tiene el Padre en la realidad neurótica. Este es el lugar donde Lacan sitúa al delirio, a la Metáfora delirante.
El ste materno (M) lo encontramos en este esquema, lo que aparece como una de las formas posibles del Otro en la psicosis, es otro que no se diferencia del lugar simbólico: quien encarna ese lugar aparece como equivalente del lugar simbólico, no hay una diferencia entre el lugar simbólico y quien lo encarna, el Otro (A) es quien lo encarna y además es otro que puede aparecer en ciertas circunstancias como no afectado por una falta, es decir, como Otro que totaliza el saber. Uno de los recursos con el que puede contar el sujeto psicotico es con éste I/M, con lo que podría intentar sustituir a ese lugar de otro consistente que totaliza el saber y que de algún modo lo goza, sustituir a esto algún otro elemento que le permita acotar ese lugar de otro consistente. Mediante el delirio, una de las cosas que pareciera conseguir Schreber es extraer una parte de goce. En el caso de la psicosis, la operación de  extracción de goce no esta garantizada, porque el único que podría garantizarlo es el ste paterno. Al no estar en función este ste, la extracción de goce no esta garantizada, sino que hay que poder producirla.
El delirio no es el único modo de producir una extracción de goce. Por un lado Schreber se arma una misión y consigue extraer una parte de goce, pero también hay que tener en cuenta que publica sus memorias y esto en el esquema I Lacan lo escribe arriba con la frase: “se dirige a nosotros”, Schreber arma otro que no es M, el destinatario de su testimonio no es el Otro que lo podría gozar, sino que es una instancia del Otro distinta que se constituye mediante el testimonio. En la medida en que él puede producir su testimonio, arma otro distinto. Entonces por un lado tenemos el Otro que aparece como persecutorio (M), por otro lado tenemos esa otra dimensión del “se dirige a nosotros” y en tercer lugar Lacan afirma que en las psicosis se conserva en alguna medida una relación con otro, al que podríamos considerar en la línea del semejante y que es lo que Schreber expresa cuando dice que aún en el medio de su delirio conservaba por su mujer algo de su antiguo amor, Lacan escribe “ama a su mujer”.
El delirio no lo toma todo, se conserva en alguna medida cierta relación con otro que funcionaría como un semejante. Hay toda una vertiente de la transferencia en la psicosis que se organiza en relación a este eje.

En de una cuestión preliminar… Lacan plantea que la psicosis se organiza en torno a la forclusión del Nombre del padre (esta es la cuestión preliminar), no en torno a los fenómenos, delirios, alucinaciones, no hacen al diagnostico de psicosis en psicoanálisis, sino la posición del sujeto respecto del Otro, respecto de la organización de la estructura del lenguaje que lo habita.
La forclusión del Nombre-del-Padre  está ligada a otro concepto que surge de los fenómenos observables. Se trata de la regresión tópica al estadio del espejo. La forclusión, revelada como falla en la estructura simbólica, repercute sobre la estructura imaginaria, la disuelve, la reduce a la estructura elemental llamada del estadio del espejo.


Romina Giuliante







[1] Miller “La psicosis ordinaria”, pag 20 . Ed. Paidos 

jueves, 26 de mayo de 2011

Malestar, bienestar o estar… ¿Es nuestra elección?

¿Qué nos da malestar? Pregunta difícil de responder ya que cada hombre o mujer dará su respuesta basándose en su experiencia personal, subjetiva… algunos podrán responder: “mi trabajo me da malestar”, “mi pareja”, “Mi hijo”, “mis padres”,”mis pensamientos”, en fin… serian infinitas las respuestas que cada quien podría dar.

Hace 81 años, Sigmund Freud (medico neurólogo creador del psicoanálisis), escribió un texto al que llamó “El malestar en la cultura”, si bien la cultura de hace 80 años atrás casi no guarda relación con la nuestra, del siglo XXI, lo que Freud dice en este escrito aún conserva su actualidad.  En este texto plantea que “No hay cultura sin malestar, la cultura es inseparable respecto de un malestar que le es inherente, no puede separarse, malestar y cultura están unidos.  “Tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles”. ¿Porqué freud dice esto?, pertenecer a una cultura no es algo gratuito para nosotros los seres humanos, existen leyes, prohibiciones a las que debemos someternos para vivir y convivir en sociedad. Pensemos algo simple “los animales”, un perrito cuando esta en celo ¿qué hace?, ¿Busca  una perrita conocida, la invita a tomar algo y utiliza todas sus armas de seducción para tratar de  convencerla?, por lo menos hasta el día de hoy ¡No ha ocurrido!, sabemos que  lo que hace simples a los animales es su instinto, éste les indica que tienen que hacer para vivir. Si tienen hambre, comen. Si tienen sueño, duermen, etc.… Creo que nos es conocido los rodeos que hacemos nosotros para conciliar el sueño, para comer… ¿comemos cualquier cosa?, en realidad no, si podemos elegir, elegimos y hasta nos prohibimos ciertos alimentos para tener un mejor estado físico (en el mejor de los casos).
Volvamos a lo que decía freud en 1930: “Malestar y cultura van unidos”, “No hay cultura sin malestar”. Parece pesimista ¿no?, ¿Qué nos queda entonces? Freud decía que para soportar esto una persona puede valerse de diferentes estrategias: Valerse de distracciones, como por ejemplo el trabajo o una actividad científica académica o valerse de satisfacciones sustitutivas, como las actividades artísticas, los deportes. Estas dos estrategias tienen un fin positivo y apuntan a lograr intensas sensaciones de placer. Subrayemos el “apuntan”, lamentablemente sabemos que en ocasiones esto no sucede…
Por último  nombra una estrategia que tiene por fin evitar el malestar o el sufrimiento, esta sería la función que cumpliría la adicción a determinada sustancia: drogas legales e ilegales, alcohol, etc. En este caso alcanzaría con no sufrir, aunque eso no implique encontrar una gran felicidad.
“Tengo que tomarme un par de cervezas para encararme a una chica”, relataba un paciente que se quejaba de haber perdido su “capacidad de levante””. Un hombre de 30 años en su consulta decía: “hace dos años que tomo pastillas para poder dormir, no quiero depender de pastillitas para estar tranquilo”. Estos, como otros casos llegan a una consulta  demandando ayuda, una posible solución a su padecimiento singular, donde la labor de un psicoanalista no será juzgar lo correcto o errado que puede estar cada quien, sino poder darle lugar a que ese sujeto pueda poner en palabras lo que le sucede, poner en palabras no solo la queja del malestar que lo invade (que es lo que ocurre al comenzar una terapia, uno comienza por quejarse de los demás, de los otros), sino y sobre todo comenzar a darle lugar a que ese sujeto hombre o mujer pueda permitirse pensar “que tiene que ver él o ella con eso que le sucede”. Este paso no es algo sencillo, ya que suele resultarnos más fácil echar culpas y/o responsabilidades a los demás, que pensar qué hicimos para estar como estamos.
Si partimos de que somos seres hablantes, de que hablamos y de que por el solo hecho de hacerlo nos introducimos en un mundo donde reina el equivoco, que hablemos y nos comuniquemos no implica que nos comprendamos. Creemos comprender tomando como obvias algunas situaciones, suponemos que cuando alguien esta triste se debe a que no tiene todo lo que su corazón anhela.  Nada mas falso, dirá Jacques Lacan (psiquiatra y psicoanalista francés). “Hay personas que tienen todo lo que anhela su corazón y que están tristes de todos modos”. ¿De qué se trata entonces?, ¿Será que por querer comprender rápidamente damos respuestas ilusorias a nuestro malestar? Lacan da un ejemplo muy claro: “Cuando se le da una bofetada a un niño, llora, eso se comprende, sin que nadie reflexione que no es obligatorio que llore. Cuando se recibe una bofetada, hay muchas maneras de responder a ella además de llorar, se puede devolverla, ofrecer también la otra mejilla, también se puede decir: golpea, pero escucha”. Se presenta una gran variedad de secuencias que son descuidadas cuando caemos en la tentación de comprender. El ejemplo puede parecer crudo, pero es importante poder dar lugar a la variedad infinita de respuestas que cada uno de nosotros puede tener frente a las situaciones o momentos que se nos presenta en nuestra vida. Suponer que hay cosas que son obvias, cierra posibilidades y solo deja lugar para una manera de ver las cosas.
Una mamá traía a su hijo a una consulta porque se estaba separando de su marido: “Lo traigo porque es una situación traumática para todo chico que sus padres se separen”. Aquí otra vez se estaría dando por hecho que para ese niño es “traumático” que sus padres se separen, puede ser que no sea así, que ese chico este feliz y que la situación sea traumática para los padres y no para el hijo o hija, o a lo mejor si y es un buen momento para que consulte con un profesional.
Desde el punto de vista psicoanalítico se trata de esto, de lo singular, de lo que le sucede a cada quien, sin generalizar, tomando al sujeto como único, como lo que realmente somos, seres únicos con infinitas opciones y elecciones de vida, nada mas se trata de que nos demos el permiso…y nada menos…

Lic. Romina Giuliante

  La personalidad narcisista :  El narcisismo es una fase normal del desarrollo temprano del niño, donde éste cree que es el centro del mun...