martes, 7 de julio de 2020

Psicoanálisis



Qué diferencia al Psicoanálisis de otras corrientes?
Una de las diferencias fundamentales es que un tratamiento de orientación psicoanalítica apunta al sujeto, a lo que éste “tiene para decir” a su discurso. Es muy importante escuchar que dice cada quien de eso que le molesta, de eso que le aqueja. Desde el psicoanálisis sabemos que hay un saber no sabido, un saber que está excluido de la conciencia. Este saber está alojado en las formaciones del inconsciente. En las lagunas mnesicas, en los actos fallidos, en los sueños, lapsus, en los síntomas. Esto que produce el inconsciente viene a decirnos algo. Puede aparecer como un pensamiento hiperintenso, (cuando uno no se puede sacar algo de la cabeza), si ese pensamiento sigue presente es porque algo fue reprimido y se expresa por esa vía inconsciente. Puede aparecer como un síntoma en el cuerpo, un dolor, una dificultad, un impedimento, una insatisfacción, una evitación. Otra de las diferencias es que el psicoanálisis es una clínica bajo transferencia, esto quiere decir que el otro (el psicoanalista)  tiene un lugar preponderante, cumplirá su función como analista de ese padecimiento. No está de más decir que el  analista es alguien que se ha formado estudiando la teoría psicoanalítica (Freud /Lacan), es alguien que se encuentra en permanente formación, para poder responder a los cambios sociales de la época, es alguien que cuenta con colegas para poder supervisar y controlar los tratamientos de ser necesario, y fundamentalmente es alguien que ha transitado por un psicoanálisis, es un practicante del psicoanálisis, un analizado
¿Podría decirse que el Psicoanálisis y el Cognitivismo son como un Boca-River?
 Creo que no.  No los veo como dos equipos rivales, para seguir con la metáfora deportiva podríamos pensar que Juegan  diferentes juegos.  Ambos usan  pelota pero el psicoanálisis juega al futbol y el cognitivismo al rugby.
Desde el punto de vista del Psicoanálisis, la enfermedad mental ¿tiene cura?
En psicoanálisis partimos desde otro lugar. No desde  la dicotomía salud – enfermedad o enfermo – curado. Desde ya que el psicoanálisis cura, es terapéutico, sana. Porque en su recorrido puede lograrse que el sujeto adopte otra posición, otra postura frente a eso que le hace mal. Alguien llega con los llamados ataques de pánico, o trastorno de ansiedad, llegan con un sello que nada dice de ellos mismos. Al comenzar a hablar con un psicoanalista, al ubicar ciertas coordenadas, se van  de la primera entrevista con cierto alivio y desahogo.
Lic. Romina Giuliante – Psicóloga egresada de la Universidad de Bs As
@psicoarieta 



martes, 4 de noviembre de 2014

El fenómeno psicosomático desde el psicoanálisis

El fenómeno psicosomático desde el psicoanálisis 
Partiendo de una perspectiva psicoanalítica (Freudiana/Lacaniana), tomaré como eje principal la labor del analista frente a pacientes que presentan afecciones psicosomáticas. 
Sabemos con Lacan que el analista debe tener en claro hacia donde apuntará la dirección de la cura en cada tratamiento. Para que esto sea posible, se dispone de una serie de entrevistas preliminares al análisis, en las cuales se podrá obtener aquellas coordenadas que indiquen la posición del sujeto respecto a su padecimiento.
Me pregunto ¿cuál es el objetivo de dichas entrevistas previas cuando el sufrimiento de esa persona no se presenta como síntoma, (en sentido psicoanalítico), sino como afección psicosomática?, ¿cómo diferenciar dicha afección de un síntoma conversivo?
Es necesario y fundamental escuchar el relato del paciente para que el analista pueda saber, qué lugar ocupar y cómo dirigirá la cura.
Voy a intentar un recorrido partiendo con Freud y su última teoría de las pulsiones, para poder dar cuenta cómo los primeros vínculos que establece el ser humano moldean al cuerpo, luego con la conferencia XXIV abordaré la diferenciación entre las psiconeurosis y las neurosis actuales, además de establecer qué relación existe entre las neurosis actuales y los fenómenos psicosomáticos y su diferencia con los síntomas conversivos. Con Lacan trataré de hacer hincapié en el abordaje de la dirección de la cura teniendo en cuenta su postura con respecto al FPS.

Vínculos que moldean al cuerpo
Cuando Freud habla de pulsión (Trieb), subraya en este término su carácter de empuje constante que hace tender al organismo hacia un fin. Una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión). Freud mostró que el objeto de la pulsión es variable y contingente y que este es elegido por el sujeto de acuerdo a las vicisitudes de su historia de vida, además los fines de las pulsiones son múltiples, parciales, y dependientes de fuentes somáticas, que también son múltiples. Sabemos que las pulsiones se apuntalan en el orden vital, las pulsiones de vida (pulsión sexual y pulsión de autoconservación), pertenecientes al Eros, se apuntalan en una primera vivencia de satisfacción, donde el ser humano en su estado de indefensión, necesita de la asistencia ajena (madre o sustituto), para poder llevar a cabo esta acción especifica donde apaciguará una tensión interna creada por la necesidad. Esta primera vivencia de satisfacción es ubicada en el orden de la primera mamada, en el encuentro del bebé con el pecho materno, donde además se instala un plus ubicado en el placer erógeno del contacto, de la mirada de la madre hacia ese bebé. El niño, al tiempo que absorbe el alimento, absorbe los aspectos amorosos de la madre, a través del tacto, del objeto, de la vista. La imagen de este otro que satisface la demanda del niño, adquiere para éste un valor electivo en la constitución del deseo del sujeto. Esta imagen podrá ser recatectizada en ausencia del objeto real (satisfacción alucinatoria del deseo), esto es lo que guiará constantemente la búsqueda ulterior del objeto que satisface.
Freud designa otra categoría de las pulsiones que se contrapone a las pulsiones de vida, la pulsión de muerte, tiende a la reducción completa de las tensiones. Sería una tendencia a la extinción, al retorno a un estado inorgánico previo a la aparición de la vida y cuya expresión mas manifiesta serían las tendencias destructivas tanto dirigidas hacia el propio sujeto como hacia los objetos.
Teniendo en cuenta el carácter activo de la pulsión de muerte, la pulsión de vida seria un desvío transitorio en el camino hacia a la muerte. Seria pensar la muerte como principio y fin, como lo más verdadero, lo mas seguro del sujeto. “La meta de toda vida es la muerte”, dijo Freud en “mas allá del principio de placer”, pero cada organismo no morirá sino a su manera.
Freud considera indispensable la entremezcla de la pulsión de vida y de la pulsión de muerte, esto sucede de manera regular y en gran escala.
Al fenómeno psicosomático, se lo puede pensar como una “desmezcla” en el sentido se ser estrictamente pulsión de muerte, que no se dialectiza por medio del lenguaje, siendo imposibilitada su descarga al exterior.
Si la pulsión de muerte es la que impera en los FPS, la pulsión de destrucción encontró la manera de producir un cortocircuito, ha encontrado un “atajo”, para poder lograr su cometido final.
En el FPS la libido no encuentra el modo de ligar las pulsiones de destrucción con la excitación sexual, ya que se considera al FPS ubicado dentro del autoerotismo. La función erótica de la libido recaería sobre la investidura de un órgano (puede recaer en la piel = Psoriasis) o de una función (mal funcionamiento del sistema digestivo) encarnándose como un estigma, como una marca representada por la lesión del órgano o función que se inscribe en el organismo. No hay que olvidar que hay múltiples funciones biológicas que deben cumplirse en el organismo para que todo funcione bien, desde la regulación de la temperatura, los procesos digestivos, respiratorios, las secreciones, excreciones, etc. Estas funciones pueden ser aceleradas, activadas o detenidas por múltiples factores.
¿Neurosis actuales = afecciones Psicosomáticas?
En la conferencia XXIV, Freud establece una diferenciación entre psiconeurosis y neurosis actuales, planteando que los síntomas de las neurosis actuales carecen de significación psíquica y que su campo de exteriorización solo se limita al cuerpo, conducta que comparte con los síntomas histéricos, pero que constituyen procesos exclusivamente somáticos, donde falta todo mecanismo psíquico que le otorgue significación. Freud atribuye la causa de las neurosis actuales a lesiones toxicas directas causadas por desordenes de la vida sexual actual. Los síntomas proceden directamente de la falta o inadecuación de la satisfacción sexual. El mecanismo de formación de síntomas sería somático y no simbólico, ya que hay ausencia de los mecanismos de desplazamiento y condensación en la formación de dichos síntomas. La palabra actual es para manifestar la etiología somática, mientras que las neurosis de transferencia se encuentran en la esfera psíquica. El término actual significa carencia de mediaciones simbólicas como ocurre en las psiconeurosis.
Se observa que en las concepciones de Freud los síntomas “actuales” son ante todo de tipo somático y que la antigua noción de neurosis actual conduce directamente a las concepciones modernas sobre “afecciones psicosomáticas”
Los aportes de Freud desarrollados aquí, son útiles para poder pensar que el analista debe estar advertido ante personas que presenten una lesión o un mal funcionamiento de determinado órgano, frente a dichos padecimientos, pueden mostrarse silenciosos, resultándole difícil hablar espontáneamente de aquello que les resulta intolerable. Sufren de algo mas que del cuerpo, por eso es tan importante escucharlos y poder ofrecerles un espacio donde puedan crearse nuevas organizaciones vinculares, un lugar donde puedan reorganizar sus pulsiones y transformar sus destinos y esto debe ser posibilitado por la relación analista-paciente.
Con Lacan, es posible detectar el FPS de acuerdo a la implicancia del sujeto en su discurso. El analista ofrece al paciente un espacio en el cual puede hablar, se invita a hablar, a que diga todo aquello que se le ocurra. Una de las metas del análisis es transformar la relación del sujeto con su síntoma, Lacan aclara en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, que esto solo es posible si hay una verdadera demanda de análisis, ésta se gesta en las entrevistas preliminares a un análisis, el síntoma pasa a ser síntoma de análisis si se articula en una verdadera demanda de análisis, en el momento en que se conecta con el saber, se trata de la demanda “de verdad”, de buscar la verdad.
Pero el analista puede toparse con personas que acuden a su consulta, llevan su sufrimiento, su padecimiento, “su marca en el cuerpo”, sin que exista en ellos una verdadera demanda de saber.
Generalmente, estos pacientes se presentan a la consulta con una demanda ubicada en el plano de la necesidad, pacientes que manifiestan ser “mandados por el médico”, porque “su problema es nervioso”, o bien porque el tratamiento médico no ha logrado paliar su padecimiento. Suele verse que estos pacientes se acercan a una consulta psi como último recurso, con una demanda que responde más a un “deme la solución”.
¿Qué hacer frente a esto?
Es imprescindible poder delimitar lo especifico del FPS, Lacan planteó que en éste se produce un congelamiento del significante segundo, produciéndose lo que denominó holofrase. Recordemos que un significante se define por su equivocidad, por carecer en sí mismo de sentido, lo propio del significante es hacer cadena con otro. Por ejemplo, cuando decimos árbol, éste ocupa el lugar del significante primero, recién un significante segundo le dará sentido: genealógico, frondoso, de la vida, etc.
Lacan toma el término holofrase de la lingüística, se utiliza para designar una palabra que adquiere el valor de toda una frase. Son palabras que no funcionan como significantes que representan al sujeto para otro significante, sino que funciona como signo que significa algo para alguien.
¿Por qué los significantes se presentan holofraseados en el FPS?
Los FPS, implican un real en cuya causalidad interviene la inducción significante, pero la inducción significante sobre el cuerpo ocurre en ausencia de afánisis del sujeto, esto no permite que el sujeto escape a la imposición del significante.
La puesta en juego de la función afanáis es la que permite descompletar la inducción significante proveniente del Otro, asi mediante la función afanisis el sujeto ataca la cadena significante del Otro en el punto del intervalo S1 y S2, haciendo aparecer allí el deseo del Otro, mas allá de su demanda. De esta manera el Otro ya no será otro absoluto al que se encuentra sometido el sujeto, ya que el sujeto podrá dar diferentes interpretaciones a esa demanda que proviene del Otro. Un significante se define por la distancia, por el intervalo que lo separa de otro significante, si esa distancia no está, los significantes se holofrasean, se pegotean, se congelan. Si no hay intervalo, no hay significante, con lo cual tampoco habrá formaciones del inconsciente (lapsus, sueños, síntoma…)
Lo particular del fenómeno psicosomático comienza con el fracaso de la interrogación del deseo del Otro, al no ser interrogado, no funciona como deseo enigmático a ser respondido fantasmaticamente. Así es como la inducción significante se ha vuelto holofrasica y esta puede apuntar a una función biológica trastornando su funcionamiento. Cuando la demanda del Otro funciona como una holofrase, como un signo y no como significante, no hay malentendido posible.
En un primer tiempo, la inducción significante holofrasica puede alterar el ritmo y normal desempeño de una función biológica, luego en un segundo tiempo ese funcionamiento es alterado y puede lesionar lo real del tejido. No es el significante holofrasico el que produce directamente la lesión, solamente tiene la capacidad de alterar la función biológica.
Podría decirse que en tanto no hay significantes en juego, no hay discurso psicosomático. El FPS, sería un SILENCIO ESTRUCTURAL PARA QUIEN LO PADECE, las lesiones que presentan o el mal funcionamiento de un órgano, no cumplen la función de ser un significante, ya que no tiene esa capacidad metaforica ni metonímica, sino que va a REPRESENTAR AL SER ANTE EL OTRO. Las afecciones que presentan cumplen la función de otorgarle un ser, de darle consistencia a su ser. El sujeto intenta suplir un defecto en la filiación simbolica a través de una filiación con el órgano en su enfermedad, el sujeto logra con esa filiación con el órgano un reconocimiento por parte del entorno.
Teniendo en cuenta las características del fenómeno psicosomático y la manera particular de su formación de “síntomas”, vuelvo a la pregunta ¿Cómo dirigir la cura frente a dichos pacientes?, ¿Qué lugar debe ocupar el analista?, si la lesión que presentan, no es una lesión significante (como sería en un síntoma conversivo), que el analista interprete dichos padecimientos, dándole sentido, no resultaría eficaz para la cura, sino que estaría contribuyendo a eternizar dichos “síntomas”.
El FPS implica una lesión cuya reversibilidad no se sucede nunca en forma instantánea, en cambio la conversión histérica puede ser corregida con una interpretación capaz de hacer prescribir inmediatamente el fenómeno de conversión histérica.
El FPS, no habla, no se escucha, se registra en lo real, ya que hubo una falla en lo simbólico, algo ha quedado por fuera, no libidinizado. Con Lacan sabemos que esa falla ocurre en ese momento fundante donde el bebé pasa de la fragmentación a la unificación a través de una imagen, momento que Lacan llamó “Estadio del espejo”, donde intervienen los tres registros: Simbólico (la acción del significante sobre el cuerpo), Imaginario (alude al organismo vivo y a una imagen) y Real (lo no significable). El FPS está arraigado en lo imaginario y se registra en lo real, sin mediación alguna de lo simbólico.
Como dije anteriormente, los FPS no son mensajes a interpretar por el analista, son mensajes que dan cuenta de un significante que proviene del Otro, funcionando como signo. No son demandas dirigidas a Otro como ocurre con los síntomas neuróticos.
Me parece útil comparar el FPS con el acting out. El acting out es una mostración dirigida a Otro, es montar una escena para Otro. Acting out es el Aigieren Freudiano, el cual es utilizado por Freud con respecto a sus pacientes histéricas, diciendo que actúan en lugar de recordar. Una de las características del acting es el no registro de parte del paciente, éste no se hace preguntas con respecto al acto, del acting el paciente no se queja, no hay una implicación subjetiva, ya que el acting out como el FPS, no tienen estructura metafórica. No es posible interpretarlo porque no hay un consentimiento del sujeto, no hay una pregunta, el sujeto no está implicado en dicho acto.
Tanto ante el FPS, como ante el acting out, el trabajo del analista debería dirigirse a tratar de provocar cierta implicación en el paciente, para que pueda ser articulado al discurso, para poder ser reducido a la palabra, para que llegue a sintomatizarse. Para que esto pueda ser posible en un análisis, tienen que estar instaladas las condiciones para que esa rectificación subjetiva pueda tener efectos en el paciente. La condición no es solamente la instalación de la transferencia simbólica, sino que también debe haber un llamado al Otro,

en tanto intente descifrar esto que le esta sucediendo.
Los fenómenos psicosomáticos pueden ser reducidos por la vía de la palabra, es lo que indica Lacan al referir “Hay que esperar la invención del incosciente”, que será capaz de hacer que algo deje de ser propiamente “psicosomático”. Si el paciente logra poner en palabras eso que le sucede, comenzará a darle sentido a ese goce fijado que se encuentra involucrado en su afección.
No se trata de interrogar la lesión psicosomática, sino de interrogar esa demanda holofrasica que no pudo ser interrogada por el sujeto, se trata de reintroducir la dimensión significante, reintroducir el malentendido que permita sintomática, soñar, que de paso a las formaciones del inconsciente.
Comencé planteando que el analista dispone de una serie de entrevistas preliminares, en las cuales podrá obtener las coordenadas que indiquen la posición del sujeto respecto a su padecimiento. Se apunta a que el paciente pueda hablar de aquello que le sucede, dejando de lado el discurso médico que le ha otorgado aun más consistencia a su ser y que en algunos casos solidifica aun mas esa lesión o ese mal funcionamiento orgánico, que para el sujeto ya era algo que daba consistencia a su ser.
El analista es quien toma testimonio del discurso del paciente, dejando de lado toda satisfacción ética y científica, que consiste en el sentimiento de comprender, la posición del analista debe sostenerse en el no comprender, en el no dar por supuesto, en el no dar sentido a aquello que aún no tiene sentido (psíquico), para el paciente. Es necesario para el analista, que su lugar sea de falta en ser, ofrecer un vacio para que el paciente pueda depositar aquello que lo aqueja.
Lic. Romina Giuliante
Psicóloga UBA – Psicoanalista
http://www.psicogiu.com/

jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Que me quiere? , ¿me quiere?

¿Que soy para vos?, directamente o no es una pregunta que suele estar presente en nuestra vida. Pienso que todos queremos estar bien, ¿no?, es difícil encontrar a alguien que diga "Estoy angustiado, pero me la banco, no se puede estar siempre de diez". No se nos está muy permitido estar angustiados, lo mas rápido posible tendríamos que tener los medios y/o recursos para revertir esa situación. Ya hace mas de 100 años Freud decía que El Malestar es inherente a la condición humana, somos demasiado humanos para ser felices sin momentos de infelicidad. ¿Por qué no alcanza?, ¿Por qué siempre nos falta 5 para el peso?, Una mujer dice: "Los hombres no quieren compromiso, por lo menos conmigo, salgo, me divierto, paso un buen rato, pero nunca me eligen como novia, al cabo de un tiempo la cosa se enfría, no me contestan los mensajes, hasta me bloquean en el whatsapp!". ¿Por qué una mujer u hombre puede llegar a pensar que ese tipo o esa mina que "no les da bola", podría
ser  responsable  de los cambios de humor, animo o estado de "felicidad"?, ¿Por qué se piensa que si algo cambiara en el otro, las cosas marcharían?, "Si me llamaran, si me quisieran para algo serio, si me fuera fiel, si quisiera vivir conmigo, si quisiera formar una familia.... en definitiva... si me quisiera...
Sabemos, desde el psicoanálisis, que la falta es una condición del ser hablante, porque hablamos, porque somos seres atravesados por el lenguaje y porque al hablar demandamos y eso que demandamos/decimos es decodificado por otro, por otro semejante a mi, que también demanda y que también le falta 5 para el peso. Ese otro le da significación, "entiende" eso que digo/pido según sus propias vivencias, según como responda a la demanda, según como se juegue su propia falta, etc, etc
Con Lacan sabemos que la falta en tener es una condición para el amor, si quiero a alguien es porque algo me falta. Muchas mujeres se muestran en exceso "como completas", exhiben en exceso el semblante de tener, cuando esto sucede la respuesta del lado masculino es la inhibición. 
Para querer y ser querido es necesario que nos falte, de lo contrario no hay lugar para el amor. Este será el comienzo, el principio de un recorrido con otro, luego vendrán los avatares, los cuestionamientos y las diferentes formas de transitar una relación. Tenemos que convivir con una imposibilidad que tiene que ver con nuestra lengua, que tiene que ver con que somos seres que hablamos y por ende nos equivocamos, imposibilidad que se manifiesta con el simple hecho de querer decirle algo a otro, algo que puede ser un te quiero,  un no te quiero mas, o un aún te quiero. ¿Qué soy para otro? cuando es formulada en un Psicoanálisis, permite que se despliegue una infinidad de respuestas, que en el recorrido de un análisis  serán  cuestionadas  por el sujeto llevándolo indefectiblemente  cada vez mas cerca de lograr una nueva posición en la vida.
Lic.Romina Giuliante 
http://www.psicogiu.com
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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Elegir un destino

Elegir…, en todo momento estamos eligiendo, a veces la elección es conciente, otras no tanto, a veces estamos implicados en esa elección, otras elegimos como si alguien, algún otro nos ordenara que vayamos por eso, que elijamos aquello otro…
Muchas personas llegan a un consultorio psicológico y si bien, a lo mejor, no consultan directamente por no saber o no poder  “elegir”, en algún momento comienzan a darse cuenta  que tienen grandes dificultades en sus elecciones, ya sea quejarse de que “eligieron mal” o paralizarse al no decidir que elegir. Aparecen  dificultades  para elegir que comer, que vestir, que estudiar, que trabajar, con quien dormir…etc.
“Elegir me esta haciendo mal, mejor no hago más nada,  me quedo como estoy y veo que se va dando”-muchos optan por esto, “quedarse como están”, “hacer nada”, ESTO TAMBIEN ES ELEGIR – Cada acto que realizamos, o no realizamos, va trazando  el camino por el que elegimos andar.
Todas las elecciones que hacemos en nuestra vida tienen un costado, una partecita o una parte enorme que quiere “cumplir”, “gratificar” “obedecer”, “homenajear”, “honrar” a algún otro y esto ocurre porque siempre, al momento de elegir se tiene presente a alguien mas, directa o indirectamente se tiene en cuenta a otras personas en esa elección. No hablamos solamente de personas físicamente presentes, basta con que esa “persona” o lo que cada uno piensa o cree de ella, aparezca en las ideas de cada uno para que sea alguien a tener “presente” en nuestras ideas, proyectos, elecciones…
 Mucha gente al transitar por un psicoanálisis comienza a cuestionar sus decisiones, la pregunta que se escucha es ¿Quién decide? “Parece como si alguien hablara en mi cabeza y me dijera lo que tengo que hacer todo el tiempo” “Elijo estar con X, pero algo me dice que estoy haciendo mal, y siento culpa”. Poner en cuestión, es el primer paso, preguntarnos ¿Quién elige cuando estamos eligiendo? Existe una duplicidad en cada uno de nosotros, está el que acciona y el que sanciona. Elige estar con X, sin embargo no esta feliz por su decisión y siente culpa. La culpa requiere de la mirada del Otro y del Juicio del Otro (Otro que esta en uno) de ese desdoblamiento del sujeto vinculado a la conciencia moral (tribunal interior: que lo mira y lo juzga), de esa escisión que hace que el sujeto se juzgue y se sancione dependen nuestras elecciones.
 E L E G I R,  implica una responsabilidad para con nosotros mismos, ser responsable de nuestras elecciones implica ser el agente, el ejecutante de esa elección, así de sencillo y complejo a la vez, tanto que muchas personas optan por postergar y no tomar esa decisión que tanto, tanto, vienen pensando y  por miedo a que si lo hacen pase…vaya uno a saber que cosa… se cuidan, se previenen, de nada mas y nada menos que de angustiarse, ya que al ELEGIR SIEMPRE SE PIERDE ALGO. Toda elección implica una pérdida y como toda perdida (cualquiera que ella sea) trae angustia por aquello que ya no va a estar, por eso que ya no vamos a ser, por esa función que ya no vamos a cumplir.
 Venimos a este mundo con una serie de imposiciones, no elegimos nacer, dónde vivir, ni familia, época, herencia…, además estamos determinados por nuestro inconsciente que rige parte de nuestros deseos y actos. El psicoanálisis justifica la eficacia del inconsciente,  al considerar que la libertad de elección es constitutiva del ser hablante, y por ello todo lo que le sucede, incluso lo que le ocurre por accidente, lo afecta como sujeto de una elección y su respuesta a esa causa accidental, llámese trauma, contingencia, implica una toma de posición.
Será en el análisis donde cada quien  podrá transformar las marcas de su destino en algo propio y comenzar a escribir su historia. Poder atravesar la tragedia particular da lugar a una nueva posición y así permitirse  ser agente de su propio destino. 

Lic. Romina Giuliante
Psicóloga UBA – Psicoanalista

15-5564-0970

sábado, 9 de febrero de 2013

Psicoanálisis y Pasiones Por Ricardo Rodulfo, Diana Kordon, y Benjamín Domb


¿De dónde proviene ese impulso que lleva al sujeto a jugarse la vida por un amor, por odio o por ignorancia? Algo posee al ser humano y lo impulsa hacia actos irracionales. En el ser caracterizado por lo racional, como lo define cierta filosofía, convive lo irracional, y de ello se ocupa el psicoanálisis.
Es la estructura propia del ser que habla, la que le da a las pasiones sus características. Freud habló de pulsiones, pulsiones sexuales y pulsiones del yo en un comienzo, luego pulsión de muerte y pulsión de vida, conceptos fundamentales del aparato teórico freudiano.
¿Qué entendemos por pulsión? Cuando afirmamos que la pulsión no es el instinto, decimos que no nace del cuerpo biológico ni de las necesidades biológicas, sino que la pulsión se constituye por la particular relación que el niño tiene con su madre, con quien establece en primer lugar una relación apasionada, es decir pulsional, no mediada hasta cierto punto por la palabra.
En este primer tiempo de la constitución subjetiva el niño no cuenta con la eficacia del lenguaje como propio, si bien nace a un mundo de lenguaje, la relación con su madre es cuerpo a cuerpo, es a través de su boca, de su caca, de la mirada y de la voz de su madre que le habla, que le trasmite desde el inicio de su vida su deseo. Es fundamental la presencia del padre, un amor más allá del niño, que ponga límite al desenfreno pasional que una madre puede volcar en su hijo.
¿Por qué un niño puede ser objeto de esa pasión? ¿Es que satisface, tal vez, algo que podría denominarse un instinto maternal? Cuando vemos lo que ocurre con otros mamíferos que sueltan a su crío bastante más rápidamente que las madres, sospechamos que en las mujeres se juega algo distinto que un instinto. Llamamos a eso deseo materno. Este deseo materno se constituye en las niñas como resultado de su complejo de Edipo, es la respuesta que ellas encuentran, tal como Freud lo señaló, al enigma de su femineidad.
Si una mujer devenida madre tiene esa relación pasional con su bebé, es porque en alguna medida ese bebé pone en juego algo de su femineidad. Un hijo es efecto de la estructura femenina que no resuelve el enigma femenino, sino que lo instituye como tal.
Alimentar a su hijo, prodigarle los cuidados maternales, darle amor, no necesariamente se acompañan de pasión.
La pasión se manifiesta íntimamente ligada al cuerpo, anudado al sexo y a la palabra que intentará ponerle límite.
En definitiva el lugar de la pasión en la teoría es aquel que anuda el narcisismo corporal a los agujeros pulsionales en su relación al Otro primordial, la madre, una madre que porta en su ser el enigma de la femineidad.
 El lugar de las pasiones en la clínica es la transferencia. En el amor de transferencia, en el odio transferencial, en la reacción terapéutica negativa. También en las situaciones de idealización extrema por un saber que obture toda ignorancia, etc.
Cada paciente manifestará su pasión en el análisis de acuerdo a su estructura psíquica, la cual tendrá absoluta relación con su historia, pero con los sectores de su historia no historizados, es decir con lo real en relación a su madre y a su padre. Se referirá a ese tramo de su vida tan primitivo, donde su desamparo inicial se encuentra a merced del amparo y también del capricho de su madre, del objeto que fue para ella y en qué punto ella encontró límite a su propia pasión, hasta qué punto se pudo refugiar en ese otro que la deseó o no la deseó, que acogió para sí esa pasión de mujer que lo convierte en padre. Hasta qué punto esta madre pudo transmitir el No del nombre del padre.
Ese sujeto así constituido llegará al análisis y pondrá en juego apasionadamente este real que lo habita.
Del lado del psicoanalista, lo recomendable es que pueda jugar bien la partida, es decir dar cabida a esa pasión, ofrecer su presencia y su escucha, hasta encontrar la letra que haga límite, y deje caer esa depositación masiva de real en su persona, ello significa darle lugar al sujeto.
Sin duda estas situaciones ponen a prueba el análisis y la continuación de un tratamiento. Condicionan diferentes formas de resistencia del analista, mal llamadas contratransferencias; es decir, el analista se defiende a veces tomando excesiva distancia, a veces entrando en el juego y reaccionando apasionadamente también él o dando rienda suelta a sus sentimientos, a su yo.
Los psicoanalistas están hechos de la misma pasta que sus analizantes, es decir de Real, Simbólico e Imaginario. Es por eso que pueden ser tomados en la situación transferencial. Por eso el analista debe él mismo hacer la experiencia de su propio análisis, y son estos casos de transferencias apasionadas los que más conducen al análisis de control.
El manejo de las pasiones en el análisis es decisivo; se tratará de darle a la pasión su lugar que conduzca a hacer con ella corte y también invención.
3- Hoy como siempre el destino fundamental de las pasiones es la sexualidad. Es allí, en el marco de la vida erótica, donde las pasiones encuentran su cauce y su fin, es decir, el goce.
Ahora bien, las cosas no son simples para el ser humano; su sexualidad es compleja, al punto que Lacan sentó las bases del psicoanálisis en el fundamento de que “no hay relación sexual”, lo cual no quiere decir que no haya diferentes modos de goce relacionados a lo sexual.
Estas pasiones forman parte de lo más intimo del ser, su intimidad.
La dificultad con la que nos enfrentamos es aquella que se produce cuando las pasiones van más allá de este marco, tanto sea que una manifestación de lo sexual recaiga sobre el mismo sujeto pero fuera de su vida erótica –es decir, manifestaciones de la pulsión que toman su cuerpo o alguna parte del mismo como su objeto, produciendo allí las patologías llamadas narcisistas, las enfermedades en el cuerpo, psicosomáticas, adicciones, exhibicionismo, compulsiones, impulsiones, etc.–; ya sea que lo que está destinado a lo privado se haga público, por fuera de lo institucionalmente aceptado. Se acepta la pasión en el deporte dentro de ciertas reglas, en el trabajo si ha de ser productivo para el sujeto y para la sociedad.
Estas mismas pasiones, fuera de determinadas reglas, dan lugar a la violencia, a la agresión, al odio desmedido que incluso lleva a la muerte. Fuera de la vida privada, se hacen públicas, entran en lo social. Hoy, desgraciadamente, en tanto no hay en lo social encausamiento de la pasión hacia lo productivo, dejada a su libre manifestación produce violencia social de distinta índole.
La pasión es como un fuego que habita al sujeto. Tanto puede provocar incendios como transformarse en un hielo. El psicoanálisis, en su pequeña medida, trabaja para que cada uno invente su saber hacer allí con su pasión.

  La personalidad narcisista :  El narcisismo es una fase normal del desarrollo temprano del niño, donde éste cree que es el centro del mun...